Revista Aula Magna | Page 32

ISMA - Instituto Superior Marista A-730 Aula Magna de la convivencia social armónica. Hegemonía del catolicismo. Paralelamente, el catolicismo consolidaba su hegemonía y su influencia social e ideológica a través de la creciente implantación de nuevas congregaciones religiosas, muchas, como los Hermanos Maristas, venidas de Francia a finales del siglo XIX y principios del XX. Congregaciones masculinas y femeninas dedicadas principalmente a la enseñanza y la asistencia social. Ellas fueron precisamente el blanco principal de la denuncia de los anticlericales desde principios del siglo XX. Una campaña sistemática, paralela a proyectos de regulación de las congregaciones, trató de desprestigiar su tarea y responsabilizarlas de todos los males de la nación. que significó el triunfo electoral de las derechas, en noviembre de 1933, alivió la situación. Las leyes anticlericales no fueron derogadas, pues para ello habría que revisar previamente los artículos correspondientes de la Constitución, pero su aplicación fue detenida o suavizada. Implantación de la República La implantación de la República como fiesta popular pronto manifestó su carácter anticlerical. La Iglesia trató de llegar a un pacto posibilista con el nuevo régimen. Pero el debate constituyente en el que Azaña hizo la famosa afirmación: «España ha dejado de ser católica», reveló la imposibilidad de llegar a ese pacto. Lo que abrió camino fue un proyecto radical, algunos dicen que revolucionario, de secularizar al Estado y a la sociedad por vía acelerada, separando la Iglesia y el Estado, disolviendo la Compañía de Jesús, sustituyendo los colegios de las congregaciones religiosas por escuelas públicas y secularizando los cementerios. “Cabo San Agustín” Reacción de los católicos. La radical política secularizadora de los gobiernos del primer bienio provocó la reacción defensiva de los católicos y de la Iglesia, que trataron de organizarse en diversos planos para responder a los nuevos retos. En general lo hicieron adaptándose a los márgenes legales, y renunciando a la conspiración subversiva, pero planteando frontalmente la necesaria revisión de algunos artículos de la Constitución republicana. La Ley de Congregaciones de 1933, culminación de una serie de medidas secularizadoras, de acuerdo con los artículos de la Constitución, afectaba directamente a la vida y a la actividad docente de congregaciones religiosas, entre ellas los Hermanos Maristas. Les obligaba a cerrar sus colegios o a colocarlos en manos de asociaciones seglares si querían seguir ejerciendo su actividad. Pero apenas aprobada la citada ley, el cambio político 26 Nuevas expectativas. En la correspondencia y los informes del Hermano Laurentino, Superior Provincial de la Provincia Marista de España, se reflejan las nuevas expectativas que generó ese cambio de clima. En julio de 1934 se dirigía a los Hermanos en estos términos: «Que nos reintegremos a nuestro hábito, a nuestro glorioso título de Hermanos Maristas, a nuestro carácter público y ostensible de maestros religiosos. Y, por tanto, que dejemos el traje seglar y la aparente secularización que hemos adoptado ante la situación en que por la inicua Ley de Confesiones y Congregaciones religiosas nos col