—¿Tenéis alguna foto del tatuaje? —preguntó mientras miraba a Ema, que
asintió.
Gracias a la gran calidad del vídeo, Ema había sido capaz de conseguir e
imprimir una buena imagen del tatuaje. Le tendió la foto a Agente, que la miró, a
lo sumo, dos segundos.
—Eduardo.
—¿Cómo?
—Seguro. Ese tatuaje lo ha hecho Eduardo. Tiene un salón en Newark.
¿Queréis que le llame y le pregunte a quién se lo tatuó?
—¿Crees que te lo dirá?
—Si se lo pido y o, sí —dijo mientras me sonreía—. No somos abogados,
Mickey. No existe la confidencialidad tatuador-cliente. Solo existe la confianza.
Estás aquí por una razón. El universo fluy e por un camino que ha de seguir
inevitablemente —« Buenooo…» , pensé—. Ema vino a este salón por una razón
y acabó por pedirme que fuera su tatuador. Y eso te ha traído a ti aquí.
¿Entiendes?
« No» , pensé mientras respondía:
—Claro.
—Además, Ema tiene un espíritu puro, unos chakras muy agradables. Si me
dice que tenéis que encontrar a este hombre, es que tenéis que encontrarlo. Así
de sencillo.
—Gracias, Agente —dijo Ema, que se había puesto roja.
El tatuador le guiñó el ojo y volví a preguntarme de qué se conocerían y por
qué ella tenía tantos tatuajes a su edad. Pero bueno, y o también tenía mis
secretos.
—Esperad un momento, que voy a llamar a Eduardo.
« Pues