REFUGIO HARLAN Refugio - Harlan Coben ULT | 页面 84

—¿Qué pasa? —le preguntó Emma. —El nombre del sitio. —¿Qué le pasa? —Tatus Mientras Esperas. ¿Pero qué nombre es ese? ¿Mientras esperas? Es decir, ¿cómo te los vas a hacer si no? ¿Te arrancas el brazo y le dices al tío: « Hazme una serpiente en el hombro, que mañana vengo a por el brazo» ? Pues claro que esperas —y siguió riéndose solo. —Será mejor que se quede en el coche —me dijo Ema. Asentí y el Cuchara accedió a « vigilar» . Cuando entré en el salón, me quedé sorprendido: « Qué limpio» . Esperaba un lugar mugriento lleno de polvo; pero el sitio estaba más esterilizado que un quirófano. Brillaba. Los clientes y los trabajadores iban de tiradillo, con vaqueros y camisetas… y llenos de tatuajes y perforaciones. Me sentía como si estuviera en una reunión de la familia de Ema. —¿Qué hay, Ema? —le dijo la chica de recepción, que tenía la típica imagen de chica motera, y le tendió el puño para que se lo chocara. Me sorprendió que la conocieran por su mote. Asumí que era ella misma quien se lo había dicho. Me resultaba curioso que le gustara tanto un mote que le había puesto el gilipollas de Troy Tay lor. Agente estaba al fondo. En las paredes había pósteres de dioses hindúes, muchos de ellos en posturas de meditación. El tipo estaba quemando incienso —y el humo me hacía cosquillas en la nariz—, y sonaba una música suave sobre la que se oía la voz de una mujer que no paraba de repetir eso del « So-hum» como un mantra. Agente acababa de terminar un enorme tatuaje en la espalda: un águila con las alas extendidas de hombro a hombro. El cliente necesitaba dos espejos para vérselo bien; como cuando vas a la peluquería y te muestran la nuca. —Buen trabajo, Agente —le felicitó el cliente. Agente juntó las manos como si rezase. —No lo mojes en dos semanas y no te olvides de darle crema. Ya sabes cómo va. —Ya te digo. —Estupendo —Agente esbozó una amplia sonrisa en cuanto nos vio—. ¡Ema! Se abrazaron. —Tío, te presento a mi amigo Mickey. Nos dimos la mano. La estrechaba con fuerza y noté que la tenía llena de callos. Era pelirrojo y llevaba el pelo largo y recogido. La barba también la llevaba larga y se la ataba con una goma de pelo. Evidentemente, estaba lleno de tatuajes y perforaciones. —Me alegro de conocerte, Mickey —me dijo con gran seriedad. —Lo mismo digo.