REFUGIO HARLAN Refugio - Harlan Coben ULT | Page 81

comedor. Me estudiaba. —¿Y esa sonrisita de gilipollas? —¿Qué sonrisita? Dejó los ojos en blanco. —He llamado a Agente y he quedado con él esta tarde. —Genial. Por cierto, ni siquiera has cumplido los quince, ¿verdad? —¿Cómo es que llevas tatuajes? Pensaba que había que tener dieciocho años. —Si tienes el permiso de tus padres, no. —¿Y cómo lo conseguiste, tía? —No te preocupes por eso —dijo un tanto seca—. ¿Cómo nos vas a llevar tú en coche si no tienes carné? —No te preocupes por eso —e imité su tono. Le dio un mordisco a su bocadillo vegetal, acabó de masticar e intentó que su comentario pareciese desenfadado: —¿Qué tal el viaje a Los Angeles? —Bien, pero vi a nuestro amigo de la casa de la Murciélago después de que te marchases por la noche. Le conté lo que había sucedido. Sabía escuchar tan bien que me resultaba muy sencillo hablar con ella. Era como si el resto del mundo desapareciera. No es solo que te demostrase que le importaba lo que decías, sino que hacía que lo sintieras. Cuando acabé, dijo: —Tenemos que volver a casa de la Murciélago. —El calvo dijo que no… —También te dijo que no se lo contaras a nadie, ¿verdad? —Verdad. —Y aun así me lo has contado. —Sí, bueno… lo que dijo es que no le contase a nadie que existían; pero tú y a lo sabías. —Me encanta cómo encuentras las fisuras legales —y sonrió. En ese momento llegó el Cuchara y dejó caer su bandeja junto a la nuestra. —Cada día se construy en doscientas celdas en Estados Unidos y no quiero que una de ellas lleve mi nombre. —Ya hemos quedado en que no vamos a ir a la poli. Se sentó y empezó a comer. Dos minutos después musitó: « Oh, Dios mío» y abrió los ojos como platos, como si acabase de ver a la Muerte. Me giré para ver qué era lo que miraba y vi que Rachel Caldwell venía hacia nosotros. Traía un plato con galletas. —Hola, chicos —dijo con una sonrisa deslumbrante. Era una sonrisa que te zarandeaba con violencia y, después, te dejaba caer en la silla. Ema puso caras y cruzó los brazos.