REFUGIO HARLAN Refugio - Harlan Coben ULT | Page 46

Kitty —por alguna razón, quería que la llamase así, pero y o nunca lo hacía— me dio un abrazo y me cogió la cara entre las manos. —Te quiero mucho. —Y y o a ti, mamá. Me guiñó el ojo y señaló la puerta. —Vámonos de aquí antes de que cambien de opinión. —Buena idea. Mi madre se llamaba Kitty Hammer, como he dicho antes, y si te suena su nombre, debes de ser un tipo muy metido en el mundo del tenis. Con dieciséis años fue la número uno en la clasificación de tenistas femeninas juveniles. Mamá iba camino de convertirse en la próxima Venus, Billie Jean o Steffi… pero algo dinamitó su carrera: se quedó embarazada de un servidor. Creo que el mundo no estaba listo para la relación de mis padres, así que se fugaron. Todo el mundo dijo que aquello no duraría. Pero todo el mundo se equivocó. Mis padres se casaron y vivieron una historia de amor de lo más cursi —hasta el punto de sentir vergüenza ajena de ellos cuando crecí—. Pero era ese tipo de amor que da envidia. Siempre había pensado que quería conocer ese tipo de amor algún día. ¿Quién no, verdad? Pero y a no quiero. El problema de un amor tan apasionado es lo que sucede cuando lo pierdes. Un amor así hace que dos personas se conviertan en una sola; así que cuando mi padre murió, fue como rasgar una sola entidad por la mitad… por lo que mi madre también quedó destruida. Vi cómo se desmoronaba cuando enterramos a papá… como una marioneta a la que le han cortado los hilos. Y y o no podía hacer nada. De todo aquello extraje una conclusión: el amor obsesivo, como el que sale en las novelas, no es para mí. El precio a pagar al final es demasiado alto. Aunque Ashley me gustaba mucho —y me preocupaba por ella y me gustaba su compañía— nunca dejaría que ni ella ni ninguna otra chica se acercase demasiado. Quizá se hubiera dado cuenta. Quizá por eso se hubiera marchado sin decirme nada. Y quizá por eso debiera dejar de buscarla. El tío My ron nos esperaba cerca del coche. Me puse tenso según nos acercábamos. Decir que la relación entre mi madre y mi tío era mala era decir poco. Se odiaban. Al fin y al cabo, fue mi tío quien la amenazó hace seis semanas con quitarle mi custodia si no llevaba a cabo una rehabilitación intensiva. Por eso me sorprendió que se acercara a él y le diera un beso en la mejilla. —Gracias. Mi tío asintió, pero no dijo nada. Mi madre siempre había sido espantosamente sincera conmigo. Acababa de cumplir los diecisiete cuando se quedó embarazada y mi padre tenía diecinueve. Mi tío pensó que había querido pescar a mi padre. Le dijo de todo e incluso llegó