REFUGIO HARLAN Refugio - Harlan Coben ULT | Seite 38

ocupado frotando inodoros con un cepillo. —No usa cepillo… usa la cara de tu madre. Joder. Y joder. Algo explotó en las cuencas de los ojos de Tay lor, se le puso la cara roja como un tomate y apretó las manos fuertemente. Pero el Cuchara ni se movió. Se limitó a subirse las gafas con el dedo. Parecía que el hombre de Cromañón fuera a pegarle un puñetazo y quizá lo habría hecho si, de repente, no se hubiera oído: —¡Apártense, que pasamos! Eran los camilleros y nos apartamos a ambos lados de la puerta para dejarles pasar. Llevaban a un hombre con contusiones en la cara. Estaba consciente y tenía manchas de sangre en el cuello de la camiseta blanca que llevaba. Tendría unos cuarenta y dos o cuarenta y tres años. ¿Sería el padre de Ashley ? Les seguía una mujer que tendría, más o menos, la misma edad. Estaba pálida como si hubiera visto un fantasma y agarraba fuertemente el bolso, como si eso la reconfortara. Se detuvo a nuestro lado, azorada. —¿Quiénes son estos dos? —le preguntó a Tay lor. —Esto… los hemos pillado… merodeando. Hemos pensado que quizá fueran los asaltantes. Durante unos instantes, la señora Kent nos miró como si fuéramos piezas de un rompecabezas que no sabía dónde colocar. —Pero si son niños. —Ya, pero… —Le he dicho que era un hombre y que llevaba un tatuaje en la cara. ¿Le parece a usted que estos chicos lleven algún tatuaje en la cara? —Pretendía eliminar… —pero la mujer le dejó con la palabra en la boca y corrió hasta la camilla. El policía nos miró de nuevo. El Cuchara levantó el pulgar como para decirle que había hecho un buen trabajo; pero por su expresión facial no podías decir si estaba siendo sincero o si se estaba mofando de él. Basándome en lo que había visto hasta el momento, opté por la primera opción. —Largaos de aquí —dijo el policía. Nos retiramos hasta la pared de ladrillo. Subieron a la ambulancia al hombre que se suponía que era el padre de Ashley. La señora Kent estaba hablando con otro policía. Había otra pareja de agentes charlando a nuestro lado. Oí las palabras « allanamiento de morada» y se me volvió a encoger el pecho. Era ahora o nunca. Eché a correr hasta donde se encontraba la señora Kent. —Señora. —¿Quién eres? —Me llamo Mickey Bolitar. Soy amigo de Ashley.