REFUGIO HARLAN Refugio - Harlan Coben ULT | Seite 18

Se levantó y cogió la bandeja. —Déjame en paz, ¿vale? —Oy e, espera, te equivocas… —No, no me equivoco. Y tranquilo, y a has hecho la buena acción del día. —¿Quieres dejar de decir eso? ¡Ema! Se alejó a paso rápido. Iba a seguirla, pero me detuve. Dos musculitos ataviados con la chaqueta del equipo de fútbol americano del colegio se rieron por lo bajo, se acercaron a mí y uno se puso a mi derecha; y el otro, a mi izquierda. El de la derecha se llamaba Buck (o, al menos, es el nombre que llevaba estampado en el pecho) y me dio una fuerte palmada en el hombro. —Parece que ha pasado de ti, ¿eh? —Sí, la gorda ha pasado de él —soltó el otro musculitos (cuy o estampado rezaba « Troy » ) entre risas. —Gorda y fea —de nuevo Buck. —Y aun así ha pasado de ti —Troy. Vay a par… Entrechocaron la palma de la mano y volvieron a levantarla para que y o también se la chocara. —Choca, campeón —me dijo Buck. Torcí el gesto. —Chicos, ¿no os toca y a la iny ección de esteroides en el culete? Se quedaron con la boca abierta y me abrí paso entre ellos. —Esto no va a quedar así. Eres hombre muerto —dijo Buck. —Eso, hombre muerto —Troy. —Y muy muerto. —Muerto. Tío, esperaba que no me quedara de mote « el Muerto» o algo así. Cuando salí detrás de Ema, vi que la señora Owens (a la que le tocaba vigilar la cafetería) venía directa hacia mí con aquel brillo en los ojos. No me perdonaba que le hubiera chafado las pruebas de hermanamiento. Se plantó delante de mí y me silbó en el oído. Aún llevaba pintada la sonrisa. —En la cafetería no se corre. A menos que quiera pasarse una semana castigado. ¿Le ha quedado claro? Miré en torno. Buck me apuntó con la mano convertida en una pistola y disparó. Ema dejó la bandeja y salió por la puerta. La señora Owens sonrió y me retó a que saliera corriendo detrás de ella. Pero no lo hice. Sí que me costaba poco hacer amigos.