REFUGIO HARLAN Refugio - Harlan Coben ULT | Page 165

—Vas a desear que te mate. Bajé la cabeza y los hombros como si me hubiera rendido. Pero no era así. —Sígueme —le susurré a Ashley. La adrenalina es muy curiosa. He leído que hay madres capaces de levantar un coche para salvar a su hijo, atrapado debajo. No sé si será verdad, pero te aseguro que hace que te olvides del dolor. Y quizá también aumentase mi fuerza y mejorase mi salto vertical. Y vete a saber qué más. Salí corriendo hacia Buddy Ray y él pensó que iba a atacarle, así que se apartó a un lado. Y eso es justo lo que quería. Pasé por delante de él —Ashley me seguía de cerca—. Sabía que la sorpresa no duraría mucho. Los gorilas se acercaban, pero tampoco necesitaba mucho más tiempo. Dos pasos más… y llegaríamos a la salida de incendios. La empujé con la espalda y ay udé a salir a Ashley con el brazo que me quedaba libre. Salí e intenté cerrar la puerta, pero los gorilas se me habían echado encima y empujaban para salir. Yo también empujaba… pero eran muchos. Pero entonces se me unió Ema. Y Rachel. Y Candy. Y otras chicas. Había unas quince ay udándome a empujar. Y empujaban tan fuerte que la puerta se cerró y quedó claro que por allí no iba a salir nadie. —¡Corred! —nos gritó Candy —. ¡Nosotras nos encargamos de esto! —¡No, nos vamos todos! —le dije. Pero me miró a los ojos y negó con la cabeza. —Esto no va así, Mickey … —¿Qué dices? —Que no puedes salvarnos a todas… Desgraciadamente, era verdad. Pensé en Juan, en por qué habría elegido a Ashley y no a Candy … pero no había tiempo, había que marcharse. Oí las sirenas de los coches de policía a lo lejos. Con tanto jaleo, alguien debía de haber avisado. No tardarían en llegar. Algunas de las chicas salieron corriendo. Miré a Rachel; estaba con Ashley. Busqué a Ema… ¿Dónde estaría? —¡Nos vamos todos! ¡Hay que salir corriendo al mismo tiempo! —grité. Pero entonces volví a oír aquella voz con una ligera tara. Aquella voz que me dejaba helado. —… No lo creo. El mundo se detuvo. Era como si, de pronto, hasta los edificios del callejón contuviesen la respiración. Me zafé de aquella parálisis, solté la puerta y miré a la izquierda. Buddy Ray sujetaba a Ema… y llevaba el cuchillo. El corazón me dio un vuelco. Las sirenas cada vez se oían más cerca. —Suéltala. Buddy Ray me sonrió. Si lo de los dientes y lo de la sangre le preocupaba,