CAPÍTULO VEINTICINCO
Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, vi que ante mí había una
escalera que descendía. Por lo visto, la mazmorra estaba en el sótano. Cerré la
puerta tras de mí y empecé a bajar. Cuando llegué abajo, me quedé helado. El
suelo estaba lleno de colillas que me trajeron a la mente el antebrazo de la pobre
Candy. Un escalofrío me recorrió la espalda. Pero fue lo que vi a continuación lo
que me dejó estupefacto. Allí, en mitad de aquella habitación de hormigón, atada
a una silla, estaba Ashley.
Estaba de espaldas a mí y tenía las muñecas atadas al respaldo. Iba a avanzar
hacia ella cuando oí una voz.
—Creía que te habían raptado —era Buddy Ray.
Me agaché, para ocultarme en las sombras de la escalera y mantenerme, así,
fuera de su vista. El hombre estaba en una esquina de la habitación, apoy ado en
un armario de herramientas grande y cerrado con un candado. Sonreía a Ashley
al tiempo que movía la cabeza de lado a lado. Estaba fumando un cigarrillo y
tenía un cuchillo en la mano.
—Pero ahora sé que te habías escapado —dijo como si estuviera dolido—.
¿Cómo crees que me siento?
—Deja que me vay a.
—Te escapaste, así que voy a tener que darte una lección —le dijo con esa
voz tenebrosa suy a. Se puso de pie y se acercó a ella—. Tengo que asegurarme
de que no… de que nunca vuelves a escapar.
Seguía agazapado en la oscuridad, sin saber qué hacer. Estaba demasiado
lejos como para tirarme encima de él que, además, tenía un cuchillo y podía
pedir ay uda.
—No va a servir de nada —le respondió ella muy calmada.
—¿No? —y ladeó la cabeza.
—No, porque me da igual lo que me hagas… cuánto daño me hagas…
volveré a escapar.
—Y y o volveré a encontrarte.
—Y volveré a escapar. Me da igual que me cortes las piernas con ese
cuchillo. Nunca dejaré de intentar escapar. Este no es mi sitio.
Buddy Ray se rio y volvió a sacudir la cabeza.
—Te equivocas, muñeca. Te equivocas de parte a parte. ¿Cuál crees que es tu
sitio, ese instituto al que ibas con tu jerseicito bordado y con ese noviete que te
cogía de la mano? ¿Qué crees que diría si se enterase de lo que eres realmente?
El comentario le llegó al alma y se envaró. Yo, por mi lado, quería ponerme
a gritar que no me importaba una mierda cuál fuera su vida anterior.
—Tu sitio es este —dijo Buddy Ray mientras extendía los brazos.
—No —le respondió ella, que tenía la cabeza bien tiesa y le miraba