—¡No, era mío! —gritó Candy.
Rachel, que lo pilló a la primera, mucho antes de lo que y o lo hubiera
entendido, se puso a chillar también:
—¿¡Queréis pelea!? ¡Venga, venid!
Ema pegó un salto y se abalanzó sobre Rachel, que seguía en el escenario.
Candy se lanzó también contra las dos chicas y las tres empezaron a chillar y a
pelearse. Por unos instantes, Max y los demás se quedaron parados, sin saber qué
hacer. En la habitación entraron más chicas y se unieron a la refriega. Las
combatientes se tiraron por el suelo y empezaron a rodar hacia la salida de
incendios que, a mi entender, era por donde Rachel y Ema intentarían escapar.
¡Ema era un genio!
Ya nadie les prestaba atención a los almohadones. Aproveché para salir de
allí, agachado, y dirigirme a la portezuela de la mazmorra. Giré el pomo, cedió,
empujé la puerta y desaparecí rápidamente en la oscuridad.