REFUGIO HARLAN Refugio - Harlan Coben ULT | Page 157

—Siempre decíamos que nos marcharíamos de aquí juntas, ¿sabes? Teníamos planes. Queríamos ir a California, dejar todo esto atrás. Era un sueño… ambas sabíamos que Buddy Ray nunca nos soltaría pero… —levantó los ojos y miró a Rachel de manera suplicante—, pero Ashley escapó. ¿Entiendes? Pensaba que Antoine la había raptado, pero no… había escapado. Y no me llevó con ella. —Te dejó aquí —dijo Rachel, comprensiva. —Juró que nunca lo haría —lloraba de nuevo—. Pero él —y me señaló con la barbilla— me dijo que Ashley estaba bien, que estaba en un colegio de niños ricos. ¿Cómo podía haberme hecho eso? —Así que la vendiste —solté. —¿Qué iba a hacer? —y me miró con dureza—. Buddy Ray sabía que te había traído hasta la salida. Me dijo que si no le ay udaba a recuperarla, me mataría —lloraba amargamente—. ¿Por qué? ¿Por qué me abandonó? —No te abandonó —no quería entrar en detalles acerca de la verdadera identidad de Antoine ni ponerme a explicar lo del Refugio Abeona—. Se la llevaron por sorpresa. Si se ponía en contacto contigo, podía estropearlo todo. —Entonces, ¿no…? —No, no te abandonó. Y ahora, por favor, si sabes dónde está Ashley … Miré a Ema. Seguía vigilando la puerta. Busqué los ojos de Candy, pero tenía la mirada clavada en el suelo. —No hay nada que hacer. Me recorrió un escalofrío. —¿Por qué? —No sois más que niños. ¿Cómo vais a poder con Buddy Ray ? ¿Sabéis lo que me hará si se entera de que he hablado con vosotros? Se arremangó la blusa y nos acercamos para ver lo que nos enseñaba. Al principio no se distinguía nada pero… Rachel ahogó un grito. Tenía dos quemaduras de cigarrillo recientes en el antebrazo. —Y tengo más, pero no os las puedo enseñar. —Dios mío… —dijo Rachel. —¿Y tiene a Ashley ? —se me había revuelto el estómago—. ¿Dónde están? La mujer negó con la cabeza. —Por favor, dímelo. Y entonces hizo algo que me heló el corazón. Empezó a levantar y a girar la cabeza en derredor poco a poco. Seguí su mirada hasta que me fijé que se había detenido en una portezuela. La portezuela que llevaba a la mazmorra. De pronto, oímos voces. Ema se dio la vuelta y me susurró: —¡Mickey, escóndete! Ni me lo pensé. Me tiré bajo un montón de almohadones justo en el instante en el que tres hombres y una mujer —la que tenía la voz maternal— empujaban a Ema para entrar en la habitación.