REFUGIO HARLAN Refugio - Harlan Coben ULT | Page 153

de que nunca encontramos su cuerpo. Si se lo cuentas a tu tío… —¿Conoces a mi tío? —No, pero no puedes pedirle ay uda. Por alguna razón, tu padre nunca quiso decirle que trabajaba en el Refugio Abeona. Cuando mencionó a mi padre, sentí un pinchazo y tomé una bocanada de aire bien profunda. —Conocías a mi padre, ¿verdad? Antoine LeMaire también tomó aire profundamente. —Y a ti, pero eras muy pequeño. Para ti… soy « Juan» . Me quedé con la boca abierta. —¿El Juan al que mi padre le escribió una carta de renuncia? —El mismo que viste y calza. —… Quería dejar el Refugio Abeona. —Sí —y desvió la mirada—, por ti. Por mí. Mi padre tomó aquella decisión por mí. ¿Y qué le pasó? Que murió. El hombre al que más quería murió… por mí. Para evitarme todo desasosiego, para que creciera como un chico normal. Regresó para eso a Estados Unidos y murió. ¿Y mi madre? Seguro que se había dado cuenta de que su marido había muerto por su hijo. Cómo no se iba a alejar de mí. Cómo no iba a buscar consuelo en la aguja. Pensar eso sí que dolía. Dolía tanto, que la paliza que me acababa de dar Derrick parecía poco más que una palmadita en la espalda. —La Murciélago me dijo que mi padre sigue vivo —y empezaron a llenárseme los ojos de lágrimas—, pero no es cierto, ¿verdad? —No lo sé, Mickey —la voz de Juan era increíblemente tierna. Asentí. —¿Quieres ay udarnos? Me sequé las lágrimas y le miré a los ojos. Me pregunté qué es lo que habría querido mi padre, pero quizá eso y a no fuera importante. —Sí, quiero ay udaros.