hija lo mejor que pudo; intentó darle una vida mejor.
—¿Pero?
—Pero murió. La gente que lleva esa vida… no dura mucho. Y cuando
murió… Ashley se quedó sola. Buddy Ray le dijo que su madre le debía dinero y
que era ella quien tenía que saldar la deuda.
—¿Y el padre de Ashley ?
—No llegó a conocerlo. Pero tampoco hubiera cambiado gran cosa. Buddy
Ray considera que las chicas le pertenecen. Las amenaza y les pega palizas. Las
tiene prisioneras. Si no consiguen huir, terminan como la madre de Ashley. Pero
como las pille intentando escapar… —dejó la frase en el aire.
—Así que tú las rescatas —conseguí vocalizar a pesar de que tenía la boca
seca—. Parece que las raptes, como sucedió con Ashley, y que las vendas…
pero lo que estás haciendo es justo lo contrario. Las estás salvando —no dijo
nada. No era necesario—. Les buscas un lugar en el que vivir… como a Ashley.
Primero es un sitio provisional y, después, les ofreces algo más fijo. Pero salió
mal. La foto de Ashley apareció en los periódicos y Buddy Ray o alguno de los
suy os la vieron.
—Es una posibilidad.
—¿Tienes alguna otra?
—Que algún profesor de tu instituto trabaje para Buddy Ray.
—¿Quién? —pero no respondió. Intenté seguir atando cabos—. Ni siquiera las
chicas saben cuál es tu verdadero papel en todo esto, ¿verdad?
—No. Las cogemos y las mantenemos escondidas. Les damos una identidad
y les explicamos qué va a suceder a continuación. Y eso mismo es lo que
hicimos con Ashley. A partir de ahí, cada una es responsable de sí misma.
—Por eso cuando huy ó por miedo, no sabías dónde estaba. Por eso la
buscabas.
—Así es.
—Miraste en la taquilla, pero estaba vacía. Entonces, fuiste a casa de los Kent
y le diste una paliza al hombre para ver qué le sacabas.
—¡No, no! La paliza se la dieron Buddy Ray y Derrick. Crey eron que, como
estaba usando ese apellido, los Kent sabrían algo. Yo llegué a tiempo de salvarlo.
Cuando llegó su mujer, solamente me vio a mí; razón por la que le dio mi
descripción a la policía —se calló y me observó unos instantes—. ¿Te encuentras
bien?
No sabía qué decir.
—Creo que sí.
—Porque tienes trabajo.
—¿¡Yo!?
—Yo no puedo ay udar a Ashley, mi tapadera se iría al garete. Tienes que
hacerlo tú. Si llamas a la poli, Buddy Ray le rebanará el pescuezo y se asegurará