REFUGIO HARLAN Refugio - Harlan Coben ULT | Seite 147

—Qué cabezón —dijo Rachel—. Ema va a tener el móvil encendido todo el rato —era de una compañía mucho mejor que la mía (y o tenía una barra de cobertura y ella cinco)—. Así lo escucharás todo. No obstante, es un lugar público, ¿qué nos van a hacer? Además, tenemos una palabra clave, ¿no? —« Amarillo» —dije. —Eso es. Si consideramos que estamos en peligro, diremos la palabra. —Creo que deberíamos pensarlo mejor —insistí. —Ya lo hemos pensado mucho —me cortó Ema. Antes de que me diera tiempo de decir nada más, salieron del coche y se encaminaron a la puerta del club. Mi móvil empezó a sonar. Había bloqueado a mi tío, así que no podía ser él. Era Ema. Respondí. —Dime. —¿Me oy es bien? —Sí. —Pon tu móvil en silencio para que no se oiga nada desde ahí. Y así lo hice mientras observaba cómo se dirigían a la puerta de entrada. Rachel llevaba unos tejanos ajustados. Ema iba —cómo no— enfundada en su habitual armadura negra. Sabía que Rachel no tendría ningún problema en entrar; seguro que era bienvenida. De hecho, temía que fuera demasiado bienvenida. Ema había comentado que ella tendría más problemas para convencer a los gorilas de que venía a por un puesto de bailarina, pero Rachel había fruncido el cejo y había dicho que no, que ni mucho menos, que tenía muy buena pinta. Si lo hubiera dicho cualquier otro habría sonado falso y condescendiente; pero en boca de Rachel, hasta Ema se lo tragó. Me centré en los matones de la puerta. Ambos eran bastante más pequeños que mi amigo de ay er, el que había intentado meter a la fuerza a Ashley en un coche, el que me había tenido agarrado fuertemente hasta que le había metido aquel cabezazo. ¿Le habría roto la nariz? Tampoco me quitaba el sueño. Los gorilas observaron a las chicas. Lo más seguro es que a este lugar vinieran pocas mujeres a ver el espectáculo; y mucho menos, solas. Rachel y Ema se detuvieron ante ellos. Oía la conversación por el móvil. El gorila de la derecha rompió el hielo: —Hola, damitas, ¿qué puedo hacer por vosotras? —Buscamos trabajo —le respondió Rachel. —¿Qué tipo de trabajo? —De bailarinas, de camareras… lo que sea. El de la izquierda soltó: —Al jefe le vas a encantar, pero esta otra… —y señaló a Ema—. Vamos, ni de broma. Me dieron ganas de darle un buen puñetazo en la cara. El de la derecha le dio un golpe en el brazo.