REFUGIO HARLAN Refugio - Harlan Coben ULT | Page 146

Me había pillado. —Un momento, tío, que tengo otra llamada —lo dejé en espera y fui hacia la puerta como una exhalación. —¿Qué pasa? —preguntó Rachel. —¡Rápido, llegará en unos minutos! Viene a por el coche. ¡Tenemos que irnos! Nos lanzamos a la carrera hacia el Ford Taurus. Yo me senté en el asiento del conductor, pero Rachel y Ema dudaron. No sabían dónde sentarse, pero Rachel no tardó en resolver la situación: abrió la puerta del copiloto y dijo: —Ema, tú aquí. La gótica se sentó delante y Rachel cerró la puerta y lo hizo detrás. Bajé por el largo camino de la casa y giré a la izquierda. Para ese momento, mi tío me había llamado en varias ocasiones más, pero no respondí ninguna de ellas. Rachel miró hacia atrás y preguntó: —¿Tu tío también conduce un Ford Taurus? —Sí. —Uf, pues acaba de pararse frente a la verja. Aceleré, giré a la izquierda una vez más, a la derecha después y me perdí entre las callejuelas para asegurarme de que no me seguía. Al rato, cogí la calle principal que llevaba a Newark. Veinte minutos después —tras un largo debate con las chicas que, indudablemente, perdí—, aparqué en batería a una manzana del Plan B, en la acera que quedaba frente a la entrada. Desde aquí tenía una buena vista, pero eso no me tranquilizaba. —Esto no me gusta —dije. —Es la única manera de hacerlo. Y lo sabes —sentenció Rachel. —No nos va a pasar nada. Negué con la cabeza. Rachel y Ema me habían hecho ver lo evidente: y o no podía volver a presentarme en aquel lugar. Me conocían. Incluso había herido a Derrick el gorila que, por suerte, no estaba ahora mismo en la puerta. A Rachel se le había ocurrido un plan sencillo: serían Ema y ella quienes entrasen, con el pretexto de que buscaban trabajo. Así, tendrían la oportunidad de echar una ojeada por dentro y, con un poco de suerte, encontrar a Ashley o, basándose en mi descripción, a Candy. —Podría disfrazarme para entrar. Ambas chicas se rieron de mí. —¿Con qué? —me atacó Rachel—. ¿Con un bigote falso? ¿Con una peluca rubia? ¿Y si te piden el carné y ven que eres el del otro día? Tenía razón. —Ya lo hemos hablado —añadió Ema. —Sí, pero sigue sin gustarme.