REFUGIO HARLAN Refugio - Harlan Coben ULT | Seite 14
—Bueno, da igual —dije arrastrando las palabras—. La cuestión es que
estaba pensando en que quizá podría ay udarla.
—¿Ay udarla? ¿Cómo?
—Pues había pensado que podría darme usted sus deberes y … y a sabe… que
podría llevárselos.
La señora Friedman había estado limpiando la pizarra mientras y o hablaba.
La may oría de los profesores usaban una pizarra digital, pero a ella le gustaba
bromear con que era de la vieja escuela, literalmente.
—¿Se lo ha pedido ella? —dijo mientras me miraba a los ojos.
—Pues… no.
—Así que es iniciativa suy a.
Menuda idea tan idiota que había tenido. Aunque me diera los deberes,
¿adónde iba a llevarlos? Ni siquiera sabía dónde vivía.
—Da igual. Pero gracias —y me di la vuelta para marcharme.
—Señor Bolitar —dijo mientras dejaba el borrador y y o me giraba para
mirarla—, ¿sabe usted cuál es la razón de que Ashley Kent no hay a venido a
clase?
Mi corazón empezó a latir con golpes sordos.
—No, señora.
—Pero está preocupado.
—Sí, señora —no tenía sentido mentirle.
—¿No le ha llamado?
—No.
—Qué raro —y frunció el ceño—. Lo único que sé al respecto es que me han
pasado una nota que dice que no espere que vuelva a clase.
—No le entiendo.
—No sé nada más. Imagino que se habrá mudado, pero… —la frase se fue
apagando.
—Pero ¿qué?
—Da igual, señor Bolitar —y se puso a borrar la pizarra nuevamente—.
Pero… pero tenga cuidado.
Era la hora de comer y estaba haciendo cola en la cafetería. Siempre había
pensado que la cafetería de un instituto sería como en las películas y,
efectivamente, esta estaba llena de los grupitos típicos. A los deportistas los
llamaban « Hermanos Lax» (Hermanos de Lacrosse); todos ellos tenían el pelo
largo, grandes músculos y empezaban cada frase con una carcajada
entrecortada. Estaba la mesa de los « Animes» —chavales de raza blanca que se
creen asiáticos—; a estos les encantan los cómics manga y los videojuegos de ese
estilo. Las « Guapas» , más que guapas eran chicas flacuc