REFUGIO HARLAN Refugio - Harlan Coben ULT | Page 137

CAPÍTULO VEINTE Recogí a Ema al final de Kasselton Avenue con el Ford Taurus, que conducía con un carné de conducir falso. Entró en el coche mirando al suelo, como si estuviera avergonzada. —No entiendo nada —le dije. —Fue idea de Agente —respondió a todo correr. Qué ganas tenía de hablar con él. Arranqué y puse rumbo a Tatus Mientras Esperas. —En verano fui a verle para que me hiciera un tatuaje en la espalda. Quería algo grande y espectacular, así que me hizo una composición elaborada, con espirales, letras y … —se quedó callada—. Me miras raro. —¿Y te extraña? —no respondió—. ¿Cómo quieres que te mire? —dije de forma más cortante de lo que pretendía—. Esa mariposa está en las camisetas de un grupo de personas que aparecen en una foto de la Murciélago, en la lápida que hay en el jardín de la anciana y en el letrero de la tumba de mi padre. Y, de repente, la tienes tatuada en la espalda. —Ya… Yo tampoco lo entiendo. El tatuaje es muy grande y la mariposa solo es una pequeña parte. Ni siquiera estaba en el boceto, pero Agente dijo que se sentía inspirado. Sacudí la cabeza de lado a lado. —¿Y por qué no me lo dijiste en cuanto viste la mariposa en la lápida? —Saliste corriendo, ¿recuerdas? Y, luego, te arrestaron. —¿Y ay er, en Baumgart’s… u hoy en el instituto? —no respondió—. ¿¡Hola!? —Deja de gritarme. —No te estoy gritando. Pero es que… ¿por qué me lo has ocultado? —Bueno, ¿y por qué no me has dicho tú que ibas a quedar hoy con el « bollito de chocolate» , eh? —y cruzó los brazos—. Si tú no me lo cuentas todo, y o tampoco. —Ema… —¿Qué? —Eso es una gilipollez… y lo sabes. ¿Por qué no me lo has contado antes? Dejó la mirada perdida a través del parabrisas. Estábamos llegando al salón de tatuajes y decidí dejarla en paz. No tenía por qué presionarla —todavía—, pero quería saber qué estaba pasando. Encendí la radio, pero Ema la apagó inmediatamente. —Tenía miedo, ¿vale? —dijo tras recostarse. —¿Miedo de qué? Sacudió la cabeza y frunció el ceño. Llevaba tantos anillos de plata en las manos que parecía una cíngara. —Para ser tan listo, a veces eres un poco corto.