REFUGIO HARLAN Refugio - Harlan Coben ULT | Page 116

soda» —vamos, que vendía bebidas gaseosas—; uno de esos lugares en los que papá pedía un bocadillo de pastrami con pan de centeno mientras los niños estaban sentados frente al mostrador de formica, en taburetes que daban vueltas, y esperaban que les sirvieran una zarzaparrilla. Pero un cocinero chino compró el lugar en la década de los ochenta. En vez de reformarlo, mantuvo la charcutería judía, el estilo de la fuente de soda y añadió platos chinos al menú. La mezcla resultaba interesante. Desde entonces, había abierto otros tres Baumgart’s en Nueva Jersey. Ema estaba sentada en una mesa que hacía esquina, dando cuenta de su batido de chocolate. Me senté con ella y pedí uno igual. La camarera nos preguntó si queríamos algo de comer. Ema pidió fideos de cacahuete —el plato favorito de mi tío— y una cosa llamada « crep de pato crujiente» . Yo pedí pollo Kung Pao. —Cuéntame, ¿qué ha pasado cuando has ido a por Antoine LeMaire? —Prefiero que empieces tú. Removía el batido con la pajita. —Aún necesito algo de tiempo para ordenar mis pensamientos —le dio un trago a la bebida y se recostó—. Y por cierto, haz el favor de avisarme la próxima vez que quieras jugar al « papá protector» . —Vale. —No vuelvas a mentirme. —Tienes razón. Perdona. —Bueno, ¿qué ha pasado con Antoine? Le conté cómo había ido mi visita al Plan B. La camarera nos trajo la comida, pero ni siquiera nos dimos cuenta. Cuando acabé, Ema dijo: —No pienso decir « vay a» , porque esto va mucho más allá del « vay a» . Es como para un « vay a» con esteroides. Como para un « vay a» elevado a la enésima potencia. Me llegó el olor del pollo Kung Pao y me di cuenta de golpe de que me moría de hambre. Cogí el tenedor y empecé a comer. —Entonces… ¿crees que tu remilgada Ashley bailaba en un club de alterne? Me encogí de hombros mientras masticaba. —¿Y qué es lo que has descubierto tú sobre la tumba? —Tiene que ver con la Murciélago —se había puesto un poco pálida. Esperé a que siguiera hablando, pero dudaba. —¿Sabes? —Dime. —Cuando el jefe Tay lor me metió en el coche, vi a la Murciélago en la ventana. Intentaba decirme algo. Ema abrió los ojos de par en par. —No podría jurarlo, pero creo que me decía que salvara a Ashley. Sé que no