los ojos verdes.
Durante la comida, Ema y y o le contamos al Cuchara lo de nuestra visita
nocturna a casa de la Murciélago. Parecía ofendido.
—¿Por qué no me llamasteis?
—Eran las dos de la mañana. Pensamos que estarías en la cama.
—¿Yo? ¡Pero si soy todo un trasnochador!
—Si tú lo dices —respondió Ema—. Bueno, ¿a alguien se le ocurre qué puede
significar?
—A ver, repetidme el epitafio —dijo el Cuchara con el cejo fruncido.
Ema le tendió el móvil. La noche anterior le había hecho una foto con la
cámara de su móvil:
TRABAJEMOS PARA QUE EL CORAZÓN CREZCA
A MEDIDA QUE ENVEJECEMOS
Y QUE, ASÍ, EL ROBLE EXTIENDA SUS RAMAS
Y SEA MAYOR NUESTRO REFUGIO.
—Es una cita de Richard Jefferies —dijo a los dos minutos—, un escritor
inglés naturalista del siglo XIX que destaca por las descripciones de la vida rural
de Inglaterra en sus ensay os, libros de historia natural y novelas.
Le miramos fijamente.
—¿Qué? Acabo de buscar la cita en Google y de leer su biografía en la
Wikipedia. En cambio, no encuentro nada acerca de eso de « Entregó su infancia
a los niños» pero, más tarde, puedo hacer más búsquedas.
—Buena idea —le dije.
—¿Por qué no nos reunimos después del insti y vamos a la biblioteca? —
sugirió Ema—. También podríamos ver qué encontramos de la Murciélago.
—Hoy no puedo —respondí.
—¿Y eso?
—Tengo partido de baloncesto.
No quería entrar en detalles, porque lo que tenía era un plan. Tenía pensado ir
en autobús a Newark, como hacía casi a diario, e incluso jugar un poco con
Ty rell y los demás. Después, a sabiendas de que Ema y el Cuchara estaban a
salvo en casa, iría a visitar a Antoine LeMaire a la casa que tenía junto al Plan B,
el garito ese de striptease.
Y eso es lo que hice. En cuanto acabaron las clases, fui andando hasta la
parada de autobús de Northfield Avenue y me subí al 164. Luego, puse una foto
que tenía de Ashley —vestida con un jersey recatado y luciendo esa sonrisa
tímida— como fondo de pantalla del móvil para no perder tiempo si tenía que
enseñársela a alguien.
Cuando llegué a la cancha lloviznaba, así que no había venido mucha gente a