REFORMA EDUCATIVA | Page 65

La propuesta de reforma educativa del Gobierno Federal. Debemos reconocer que tales dimensiones han funcionado en paralelo —al mismo tiempo— y, por tanto, que difícilmente pueden aislarse entre ellas. No obstante, separarlas nos permite entender sus diversos componentes y acercarnos a su complejidad y comprensión. La dimensión de la política Desde su toma de protesta, el 1° de diciembre de 2012, Enrique Peña Nieto dejó claramente expuesta la centralidad que otorgaría a “lo educativo” en su gobierno. En su discurso planteaba cinco ejes de gobierno: lograr un México en paz, lograr un México incluyente, lograr un México con educación de calidad (al cual pronto regresaremos), lograr un México próspero y lograr que México sea un actor con responsabilidad global. También planteaba trece decisiones entre las que se incluía la siguiente afirmación: “Ha llegado el momento de la Reforma Educativa. Una nación basa su desarrollo en la educación. El capital humano es la base del desarrollo y progreso de un país; esta es la razón por la que corresponde al Estado la rectoría de la política educativa”. EPN completaba su referencia a la educación planteando la creación del Servicio Profesional de Carrera Docente, el Sistema Nacional de Evaluación Educativa. Me detengo en esta mínima introducción pues en ella se perfila en forma diáfana la plataforma de la propuesta educativa: se trata de una propuesta inspirada en un muy vago criterio de calidad y en una concepción de la educación, la del capital humano, que está muy señaladamente reducida al mundo laboral y al mundo del mercado, que desconoce las potencialidades emancipadoras y sociales de la educación y la limita al mundo del trabajo y la productividad. ¿Y qué es la calidad? Al respecto dice Pablo Latapí, quien ha sido el mayor estudioso de la educación de la segunda mitad del siglo XX en México: “A mí me preocupa, primero, que se confunda la calidad con el aprendizaje de conocimientos lo que simplifica el problema falsamente pues la educación no es sólo conocimiento. Me preocupa también que se establezcan comparaciones de escuelas o instituciones que ignoran las diferencias entre contextos o las circunstancias de los estudiantes a veces abismalmente distintas. Y me preocupa —dice Latapí— sobre todo que la calidad educativa se confunda con el “éxito” en el mundo laboral” definido éste por referencia a los valores del sistema”. “Es una perversión inculcar a los estudiantes una filosofía del éxito en función de la cual deben aspirar al puesto más alto, al mejor salario y a la posesión de más cosas; es una equivocación pedagógica llevarlos a la competencia despiadada con sus compañeros porque deben ser “triunfadores”. 64