REFORMA EDUCATIVA | Page 59

La contrarreforma educativa, la ley y el orden Otra batalla asimétrica es la que se libra en los medios de difusión masiva bajo control corporativo privado. Maniqueo el discurso, mediante campañas de intoxicación propagandística, los “comunicadores” de algunos multimedia se han puesto a defender los intereses de sus propietarios y de la plutocracia; del poder real. Incapaces para el análisis, histéricos, inquisidores, y despreciando los más limpios valores y principios deontológicos del periodismo, actúan como policías del pensamiento. Como repetidores de la verdad oficial, invocan la “razón” de Estado, y mientras calumnian, estigmatizan y pretenden animalizar a los maestros, exigen mano dura; la aplicación del garrote y cárcel para los “vándalos”, los “revoltosos” y los “vociferantes”. En sus noticieros repiten “ad náusea” —diría Carlos Monsiváis— imágenes verbalizadas y editorializadas (como los enfrentamientos en la Autopista del Sol entre los federales de Mondragón y el comandante Espartaco y miembros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero), con la intención encubierta de generar un clima de linchamiento y asfixia progresiva en contra de los educadores, a quienes señalan como culpables de la catástrofe educativa nacional. Buscan convertir un problema social en un asunto penal. En la era de la cultura global y la tiranía de la comunicación, la estandarización y la repetición de la mentira que se hace verdad —fórmula consustancial a todo Estado autoritario—, busca que el receptor interiorice de manera subconsciente el glosario del poder. En general, el tele-espectador no se da cuenta y acepta de manera pasiva las categorías del régimen. Como di ce Noam Chomsky, a través de la manipulación del lenguaje, la propaganda desarma a la gente y la inhibe en su capacidad de ejercer la crítica. Así, nada parece importante, y eso desarrolla el conformismo y la indiferencia y estimula el escepticismo. La dictadura de la televisión no deja que nadie se forme una opinión propia; para que todos asuman como opinión propia y reproduzcan con convicción el producto doctrinario de los medios, que se convierte así en la opinión pública homosintonizada, única y omniexcluyente. Se trata de evitar que se reflexione sobre lo esencial a partir de la información. Como en otros pasajes de la historia mexicana reciente, la resistencia magisterial a la contrarreforma educativa de Peña y la OCDE, exhibe la verdadera cara de los medios masivos y sus asalariados. El rostro de la indignidad intelectual, el del odio a la inteligencia, a la información, al libre examen, a la educación y la cultura populares. Y es un reflejo del verdadero rostro del sistema de dominación clasista. Cual policías del pensamiento único disciplinador y domesticador, la jauría “informativista” de los medios corporativos privados está desatada. Con fruición desbordada clama por la mano dura y el garrote. Engolados “comunicadores”, histriónicos campeones de la trivialidad, histéricos del ratings, bombardean a la población con estereotipos, eslóganes y clichés maniqueos. Invocan el Estado de derecho; la ley y el 58