Un Armando con cabello plateado sube al escenario cargando dos maracas en la mano izquierda. Tras él, su compadre Jaime Pérez, bajista desde los tiempos de Los Teddy Bears. Ambos van vestidos con kaftans, esas túnicas indias muy de moda a fines de los 60. Esas túnicas con diseños de paramecios en colores chirriantes. Las de Armando y Jaime son doradas, de un dorado solemne. Jaime Pérez, lleva consigo su pesado e inseparable Fender Precision, y entre las maracas del “Jefe Ovni” se alcanza a ver un medallón circular. Un calendario azteca.
Los intérpretes de “La Ultima Vez” y “Enrique VIII” probaron las mieles del éxito en su momento y las saborearon bien. Grabaron seis discos de larga duración y fueron asiduos visitantes de los estudios de televisión tanto de plazas como de teatros y cines alrededor del país.
Su popularidad en los cafés cantantes de la ciudad de México fue indiscutible y sostuvieron encuentros constantes con los mayores exponentes del momento. Léase Javier Batíz, léase los Dug Dugs, entre otros.
Sin embargo su éxito se diluyo de manera imprevista justo en el verano de 1968. Aquel año polémico cuando grabaron “HIPPIES”, el primer disco integral de rock mexicano, es decir, el primer disco mexicano integrado en su totalidad por temas originales escritos por los intérpretes. Diez canciones que reflejaron los deseos, inquietudes y aspiraciones de una generación. Drogas, amor libre, descubrimiento. Atrás quedaban los covers forzados, las despeinadas y los chicharos dulces.
Bienvenido al “Infinito”. “Te doy tu lugar” en “Mi Protesta”. Sólo un “Grito al vacío”.
El disco no se comercializó aunque oficialmente nunca se le impuso un veto, no obstante jamás llego a los anaqueles y aparadores, mucho menos a las estaciones de radio.
El primer disco de psicodelia latinoamericana interpretado en español permaneció oculto por décadas. Adoptando la categoría de “álbum de culto”, y generando el deseo de los coleccionistas alrededor del mundo.
En el local de la Col. Juárez se puede respirar un ambiente diferente. Hay al menos un centenar de personas que se mueven al ritmo que marcan los surcos en los discos de vinil. Hay vestidos op art y minifaldas, jóvenes en trajes elegantes disfrutando sus tragos, motonetas clásicas italianas y venerables septuagenarios montados en tremendas Harley Davidson. Anacronismo por doquier. Las bandas locales, Viv & the Sect, Soho Club y the Hide Times, un puñado de agrupaciones que encuentran buena parte de su inspiración en el catálogo de Los Ovnis parecen haber salido del set de “That’s 70’s Show”.
En la planta de arriba un puñado de personas compran discos de vinilo y camisas con paramecios. El tiempo se detuvo en “El Cuartel”. Se percibe en los ojos de Armando y en los dedos de Jaime.
“Bueno muchachos esto se llama “El Ovni”, es un poquito vieja pero espero que se la sepan”…