RECUERDOS: Huellas Impresas en el Alma 002. Mayo. 2013 | Page 96
Sebastián estaba trabajando y estudiando, a veces le discutía, pero él me
convencía diciéndome que era lo mejor para él, que yo le había enseñado todo lo
que sabía y en parte tenía razón, sin embargo, mi temor de perderlo tanto como a
su hermano, me rondaba el corazón y me hacía más frio y duro, lo que me
consolaba de Sebastián, era que el me consultaba cuanto movimiento haría y yo le
aconsejaba que era lo mejor para él, en el fondo anhelaba mucho que Joel fuera
igual a su hermano, pero era lo suficientemente independiente emocionalmente, e
intelectualmente como para no querer consultarme nada de lo que hacía o
planeaba hacer.
Yo veía que Sebastián me consultaba para hacer lo que quería, pero no me pedía
dinero, mientras que Joel no me consultaba absolutamente nada, pero si me pedía
dinero, empecé a ver en este, una forma de mantener el vínculo con mi hijo,
limitarle las entradas económicas hacia que tuviera por obligación que mantener
un contacto constante conmigo para cualquier movimiento que fuera hacer, yo ya
no le daba la mesada mensual como siempre lo había hecho, empecé a dársela
diaria y le pedía justificaciones por el monto del dinero que me pedía, a veces
incluso lo llegue a acusar de mentiroso y excedido por el monto que me pedía
diario para sus gastos e la universidad, que incluían transportes, viáticos y
materiales de trabajo, me parecía como si a escondidas mías estuviera haciendo
algo que no quería que yo supiera, eso me hizo sentir que había perdido el control
definitivo sobre mi hijo, estaba furioso, pero no sabía cómo hablar con él para
expresarle mi resentimiento, sin embargo, llego el día en que la gota colmó el
vaso y ese día ha sido el peor de mi vida.
-Hijo, Joel, ¿Qué haces?
-Empaco maletas papá
-¿A donde vas?
95