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identidad, mostrará la imagen que surge de la colectividad, así formada virtualmente.
Por sí mismo, cada quien entrará en este equipo virtual y auténtico que unirá, en una
imagen única y múltiple, todos los individuos que pertenecen al colectivo diseminado,
con sus cualidades concretas y codificadas. En este icono alto, tan alto como la torre,
las características comunes se reunirán en una especie de tronco, las más raras en ramas,
y las excepcionales, en hojas y retoños. Pero como esta suma no dejará de cambiar, que
cada uno con cada uno, y que cada uno luego de cada uno se transformaría día a día, el
árbol así levantado vibraría locamente, como abrazado de llamas danzantes.
Frente a la Torre inmóvil, ferrosa, que lleva orgullosamente el nombre del autor
y que olvida los de los miles que trabajaron en la obra, de los que algunos murieron allí;
frente a la Torre que en lo alto lleva uno de los emisores de la voz de su amo, danzará,
nueva, variable, móvil, fluctuante, abigarrada, atigrada, anubada, entarascada, mosaico,
musical, caleidoscópica, una torre voluble en flamígera luz cromática, que representa al
colectivo conectado, tanto más real por los datos de cada uno, cu