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con el número de los cadáveres exhibidos; vuestros relatos con los crímenes relatados
puesto que para vosotros una buena noticia no constituye una noticia. Desde hace
algunos cien años esos muertos de todo tipo ya llegan a centenares de millones.
A esas pertenencias nombradas por medio de virtualidades abstractas, cuya
gloria sangrienta cantan los libros de historia, a esos falsos dioses comedores de
víctimas infinitas, yo prefiero nuestro virtual inmanente que, como Europa, no exige la
muerte de nadie. No queremos coagular más nuestras asambleas con sangre. Lo virtual
al menos evita este carnal. No vamos a construir un colectivo más sobre la masacre de
otro y el suyo propio, este es nuestro porvenir de vida frente a vuestra historia y a
vuestras políticas de muerte.
Así hablaba Pulgarcita, viva.
Elogio de las terminales, de los aeropuertos
Escuchad también, dice ella, cómo zumban las muchedumbres suaves que pasan.
Siguiendo a la presa, los frutos, las variaciones del clima, Homo sapiens no cesa de
desplazarse, devenido Homo viator desde hace tiempos, hasta la fecha bastante reciente
en que el planeta ya no le ofrece tierras desconocidas. Luego del perfeccionamiento de
diez tipos de motores, los viajes se multiplicaron al punto que la percepción del hábitat
se transformó. Un país como Francia se vuelve pronto una metrópolis que el TGV
recorre como un metro, que las autopistas atraviesan como calles. Desde 2006, las
compañías aéreas habían transportado ya un tercio de la humanidad. Por los
aeropuertos y terminales pasan tales masas que se parecen a transitorios moteles.
Calculando el tiempo de sus desplazamientos a partir de su casa, ¿sabe
Pulgarcita en qué ciudad habita y trabaja, a qué comunidad pertenece? Ella vive en las
afueras de una capital, a una distancia del centro y del aeropuerto en tiempo
equivalentes a diez transportes más allá de las fronteras; reside pues en una conurbación
que se extiende por fuera de su ciudad y de su nación. Pregunta: ¿dónde habita ella?
Reducido y expandido a la vez, ese lugar le plantea una cuestión política, puesto que la
palabra política se refiere a la ciudad. ¿De qué ciudad puede llamarse ciudadana? ¡Otra
pertenencia fluctuante! ¿Quién, venido de donde, la representará a ella que se interroga
sobre el lugar de su habitación?
¿Dónde? En la escuela, en el hospital en compañía de personas de toda
proveniencia; en el trabajo, en camino con extranjeros; en reunión con traductores;
pasando por su calle en donde se escuchan muchas lenguas, se codea sin cesar con
muchos mestizajes humanos que reproducen maravillosamente las mezclas de culturas y
de saberes que ha encontrado a lo largo de su formación. Pues las transformaciones
descritas conciernen también la densidad demográfica de los países del mundo en que
Occidente se retrae ante la alta marea de África y de Asia. Las mezclas humanas corren
como ríos a los que se les da nombre propio, pero cuyas aguas mezclan las de tributarios
por decenas. Pulgarcita habita una tapicería composite , adoquina su espacio con una
taracea contrastante. Su vista se maravilla con este caleidoscopio, sus oídos zumban de
un caos confuso de voces y de sentidos que anuncian otras demoliciones.
Echar por tierra la presunción de incompetencia
Utilizando la vieja presunción de incompetencia, grandes máquinas públicas y privadas,
burocracias, mass-media, publicidad, tecnocracia, empresas, política, universidades,
administraciones, a veces incluso la ciencia…, imponen su potencia gigante
dirigiéndose a supuestos imbéciles, llamados gran público, menospreciados por las
< http://es.wikipedia.org/wiki/Composite , Paláu>