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El Tercero-Instruido soñaba ya con universidades de espacio mezclado,
atigrado, matizado, achinado, abigarrado, constelado… ¡real como un paisaje! Mientras
que se precisaba correr lejos para ir hacia el otro, cuando se permanecía en casa para no
escucharlo, helo acá sin parar en sus piernas, sin que haya que moverse.
Aquellos cuya obra desafía toda clasificación, y que siembran a todo viento,
fecundan la inventividad, mientras que los métodos pseudo-racionales nunca han
servido para nada. ¿Cómo rediseñar la página? Olvidando para ello el orden de
razones, orden ciertamente pero sin razón. Hay que cambiar de razón. El único acto
intelectual auténtico es la invención. Prefiramos pues el laberinto de las pulgas
electrónicas. ¡Viva Boucicaut y mi abuela! grita Pulgarcita.
El concepto abstracto
¿Y qué pensar de los conceptos tan difíciles a veces para formar? Dime qué ha sido de
la Belleza. Pulgarcita responde: una mujer bella, una bella yegua, una bella aurora…
Detente, veamos; te he pedido un concepto y tu me das mil ejemplos, ¡así no terminarás
con tus hijas y tus potrancas!
Desde entonces, la idea abstracta conduce a una economía grandiosa de
pensamiento; la Belleza mantiene a mil y una bellas, como el círculo del geómetra
comprende miríadas infinitas de redondos. Nunca hubiéramos podido ni escribir ni leer
páginas ni libros si hubiéramos tenido que citar a esas bellas y a esos redondos, en
número enorme, sin término. Mejor aún, no puedo delimitar la página sin recurrir para
ello a esta idea que tapona las huidas de esta enumeración indefinida. La abstracción es
un tapón.
¿Tenemos aún necesidad de ello? Nuestras máquinas proceden tan rápido que
pueden contar indefinidamente lo particular, que saben detenerse en la originalidad. Si
la imagen de la luz puede servirnos aún para ilustrar (si me atrevo a decirlo) el
conocimiento, nuestros ancestros habían escogido de ella la claridad, mientras que
nosotros hemos optado más bien por su velocidad. El motor de búsqueda puede a veces
reemplazar la abstracción.
Como antes el sujeto, el objeto de la cognición también ha cambiado. No
tenemos una necesidad obligatoria de concepto. A veces sí, no siempre. Podemos
demorarnos todo el tiempo necesario ante los relatos, los ejemplos y las singularidades,
las cosas mismas. Práctica y teórica, esta novedad le vuelve a dar dignidad a los saberes
de la descripción y de lo individual. De súbito, el saber le ofrece su dignidad a las
modalidades de lo posible, de lo contingente, de las singularidades. Una vez más, cierta
jerarquía se hunde. Al volverse experto en caos, el propio matemático no puede
menospreciar, de aquí en adelante, los SVT que ya practican la mezcla a la Boucicaut;
que ya deben enseñar de manera integrada porque, si se tasajea la realidad viviente de
manera analítica, ella muere. Una vez más: el orden de las razones, aún útil
ciertamente, pero a veces obsoleto, deja el lugar a una nueva razón, que acoge lo
concreto singular, naturalmente laberíntico… al relato.
El arquitecto trastorna las particiones del campus.
Espacio de circulación, oralidad difusa, movimientos libres, fin de las clases
clasificadas, distribuciones dispares, serendipidad de la invención, velocidad de la luz,
novedad de los sujetos tanto como de los objetos, búsqueda de otra razón…: la difusión
del saber ya no puede tener lugar en ninguno de los campus del mundo, ellos mismos
ordenados, formateados página a página, racionales a la antigua, imitando los campos
del ejército romano. Este es el espacio de pensamiento donde habita, cuerpo y alma,
desde esta mañana, la juventud de Pulgarcita.
San Dionisio pacifica la legión.