PULGARCITA PULGARCITA | Page 14

14 La cabeza de Pulgarcita En su Leyenda dorada, Jacques de Voragine cuenta que en el siglo de las persecuciones ordenadas por el emperador Domiciano ocurre en Lutecia un milagro. El ejército romano detiene allí a Denis, elegido obispo por los primeros cristianos de París. Encarcelado, luego torturado en la isla de la Cité, se lo condena a ser decapitado en la cima de una colina que se llamará Montmartre. Haragana, la soldadesca renuncia a subir tan alto y ejecuta a la víctima a medio camino. La cabeza del obispo rueda por la tierra. ¡Horror! Despegada, Dionisio se repone, recoge su cabeza y, manteniéndola en sus manos, continúa subiendo la pendiente. ¡Milagro! Aterrorizada, la legión huye. El autor añade que Dionisio hizo una pausa para lavar su cabeza en una fuente, y que prosiguió su ruta hasta la actual Saint-Denis. Hele pues canonizado. Catedral de san Denis, martirio del santo, tímpano del portal norte Pulgarcita abre su computador. Si no recuerda esta leyenda, sin embargo considera que tiene ante sí y en sus manos su propia cabeza, bien llena en razón de la enorme reserva de informaciones, pero también bien hecha, puesto que motores de búsqueda allí activan (a su antojo) textos e imágenes, y porque (mejor aún) diez programas pueden en él tratar innumerables datos, más rápido de lo que ella lo podría hacer. Sostienen ahí, fuera de sí, su cognición antaño interna, como san Denis tuvo su cabeza fuera de su cuello. ¿Se imagina a Pulgarcita decapitada? ¿Milagro?