Psicología, Deporte y Actividad Física. Investigaciones Aplicadas | Page 186

Se puede abreviar conceptualmente a la representación de la técnica deportiva como la imagen del movimiento, el modelo interno de la acción, el patrón ideal por el cual se guía el deportista en su ejecución. (Sainz de la Torre, N., 1985). Con fines prácticos, por tanto, se utilizarán como sinónimos en este artículo los términos representación motora, imagen motriz, modelo interno de la acción y patrón ideal. A nivel internacional se ha avanzado en la definición de los componentes de la representación de los movimientos deportivos, en la detección de las principales dificultades para su diagnóstico, en la base teórica de la memoria que es la base de este fenómeno, en algunas tareas para su desarrollo y en técnicas de diagnóstico computarizadas para el estudio de la estructura secuencial en el programa mental de acción y la jerarquización de sus elementos estructurales, a nuestro juicio, con pobre efectividad en el trabajo práctico. Ya A.V. Rodionov, en 1987 declaraba que a pesar de constituir la representación motora el modelo interno de la acción, no siempre, en las investigaciones realizadas, coincidía una buena ejecución con una buena imagen, destacando que sin duda esta contradicción estaba dada por la pobre validez de los instrumentos de diagnóstico que se utilizaban para su estudio. Si se acepta que los adelantos en la esfera técnica de los deportistas se encuentran estrechamente relacionados con el desarrollo de una mayor maestría de ejecución, apoyada en una representación más completa, clara y adecuada de la acción entrenada, es fácil entender que el proceso de control del estado del dominio técnico de los principales fundamentos en el deporte comprende dos tareas fundamentales: Análisis de la calidad de la  ejecución motriz.  Análisis de la calidad de la  representación motora.  El desarrollo acelerado de métodos biomecánicos permitió incorporar al análisis del desempeño técnico de un deportista dado y a través de los mismos se hizo posible precisar amplitud de los ángulos de determinadas zonas del cuerpo, las aceleraciones, tanto en la dinámica de actuación del sujeto, como en los implementos, etc., pero ello solo favorecen el estudio del componente externo de la actividad, quedando pendiente la determinación de las causas que ocasionan las posibles deficiencias que se constaten. Siempre quedaría un campo inexplorado, imprescindible para el análisis y la toma de decisiones en cuanto a las próximas tareas a implementar en las sesiones diarias, relacionado con el verdadero origen de las dificultades. Aunque esta tarea constituye contenido específico de los especialistas en Psicología del deporte, con mayor experiencia y conocimientos en el psicodiagnóstico, si no se cuenta con esta valiosa ayuda ¿es correcto cruzarse de brazos y no intentar enfrentar la tarea? ¿No sería mejor poder contar con la información de las dificultades que se confrontan en el plano interno, en el programa de acción de los deportistas y así tener mayores elementos a la hora de decidir las vías para la solución de las mismas? 178