PROYECTO LUNÁTICOS (Nº6) | Page 20

Al día siguiente todos nos reunimos en la plaza, y cuando estábamos todos nos fuimos al bosque. Al llegar al bosque, Hugo en un instante vio a una luz brillante y movediza que se encontraba en una elevada colina. Quería tocarla, pero no alcanzaba llegar a lo más alto de la colina, donde se encontraba su amiga el Aire. No comprendíamos lo que decía, pero él, nada más verla, sabía que era ella. Nosotros en ese instante pensábamos que estaba loco. Yo pensaba que era el calor del sol que le afectaba, ¡ pero no era así!. Él siguió caminando, intentando llegar a lo alto de la colina. Yo le decía que se pusiera debajo del sol, que bebiera y descansara. Él seguía caminando hacia su amigaAire. Nosotros le perseguimos, pero él se había enamorado de ella, aunque nosotros le decíamos que era una imaginación, que estaba hablando con el aire. Él nos dijo que estaba hablando con su amiga Aire, que no era el aire, sino su novia a la que quería con toda su locura.
Nosotros nos quedamos con la boca abierta al haber oído las cosas que decía, porque estaba hablando solo. Yo le dije que no pensara así, porque como era un niño solitario, su mente creó una amiga hecha de aire, que es el que siempre esta con nosotros, sea de día o de noche, el que nos cuenta cosas, en el que podemos confiar nuestros secretos. Al día siguiente Hugo, empezó a ser normal, ya no veía alucinaciones, ya no hablaba solo. Sus amigos ya no le tomaban por loco, sino que le trataban como un buen amigo. El niño estaba muy contento, pero le quedaba una obsesión que nunca podría olvidar en su vida: Su querida Aire, su confidente, su amada, aquella por la que suspiraba con locura y no la iba a perder de su mente. Pero comprendió que eso quedaría sólo para sí mismo, y que tenía que pasar página e ir adelante. Hugo pensó en el tiempo perdido y empezó a aprovecharlo para reencontrarse con sus amigos y olvidar todo lo ocurrido. Ellos le aceptaron y se unieron mucho. Hugo estaba contento y al final todo el mundo fue feliz.

Al día siguiente todos nos reunimos en la plaza, y cuando estábamos todos nos fuimos al bosque. Al llegar al bosque, Hugo en un instante vio a una luz brillante y movediza que se encontraba en una elevada colina. Quería tocarla, pero no alcanzaba llegar a lo más alto de la colina, donde se encontraba su amiga el Aire. No comprendíamos lo que decía, pero él, nada más verla, sabía que era ella. Nosotros en ese instante pensábamos que estaba loco. Yo pensaba que era el calor del sol que le afectaba, ¡ pero no era así!. Él siguió caminando, intentando llegar a lo alto de la colina. Yo le decía que se pusiera debajo del sol, que bebiera y descansara. Él seguía caminando hacia su amigaAire. Nosotros le perseguimos, pero él se había enamorado de ella, aunque nosotros le decíamos que era una imaginación, que estaba hablando con el aire. Él nos dijo que estaba hablando con su amiga Aire, que no era el aire, sino su novia a la que quería con toda su locura.

Nosotros nos quedamos con la boca abierta al haber oído las cosas que decía, porque estaba hablando solo. Yo le dije que no pensara así, porque como era un niño solitario, su mente creó una amiga hecha de aire, que es el que siempre esta con nosotros, sea de día o de noche, el que nos cuenta cosas, en el que podemos confiar nuestros secretos. Al día siguiente Hugo, empezó a ser normal, ya no veía alucinaciones, ya no hablaba solo. Sus amigos ya no le tomaban por loco, sino que le trataban como un buen amigo. El niño estaba muy contento, pero le quedaba una obsesión que nunca podría olvidar en su vida: Su querida Aire, su confidente, su amada, aquella por la que suspiraba con locura y no la iba a perder de su mente. Pero comprendió que eso quedaría sólo para sí mismo, y que tenía que pasar página e ir adelante. Hugo pensó en el tiempo perdido y empezó a aprovecharlo para reencontrarse con sus amigos y olvidar todo lo ocurrido. Ellos le aceptaron y se unieron mucho. Hugo estaba contento y al final todo el mundo fue feliz.

Escrito por Marta Mancilla, Nuria Ligero, Andrea Palacios y Jaime Diez,