PROYECTO LUNÁTICOS (Nº6) | Page 14

Esto hizo que Paola se pensara lo que tendría que hacer y después de que pasara un mal rato pensando en aquella complicada, y a la vez dura decisión, decidió que esa noche volvería a visitar a Jorge, ¿ o no? Era la hora de dormir y Paola apareció justo antes de que Jorge se dispusiera a acostarse. Paola llevaba su moño despeinado y el traje completamente destrozado. Una vez que Jorge se había dormido, entró Paola en su habitación y los sueños de Jorge la absorbieron. Paola observó el sueño y vio como Jorge empezó a correr, y al verle, apareció una multitud gigante de compañeros que la arrastraron hasta un precipicio. Paola se marchó deprimida a su casa, y cuando iba de camino siendo de día, en vez de jugar con sus amigas, decidió ir a preguntar alguna solución de cómo arreglar esa penosa vida.
Allí encontró un hechizo que le permitiría ver al niño y hablar con él fuera de sus sueños y como Paola estaba tan desesperada, realizó ese conjuro que duraría un día. Lo primero que hizo fue cambiar su estrafalaria ropa por la de una niña convencional. Cuando llegó al colegio de Jorge le preguntó a una compañera que por qué le trataban mal. Entonces ella respondió que no se portaban mal con él, sino que él no quería nunca jugar. Paola, un poca extrañada de lo que le habían dicho, intento hablar con Jorge. Al principio a él le costaba mucho hablar porque era muy tímido. Tras una agradable conversación, Jorge le preguntó a Paola que si queria estar con él por la tarde y Paola aceptó con un sí rotundo. Al salir del gran edificio en el que se encontraba el colegio, Paola le preguntó a Jorge por qué no queria jugar con los demás y le contestó que tenía miedo de que se rieran porque no tenía madre. Paola al ver que el niño estaba muy apenado le consoló y añadió que su madre también había fallecido en un trágico accidente y que él debía ser feliz, porque aunque no veamos a nuestras madres, siempre nos desearán lo mejor y tenemos que estar felices, y sobretodo mostrar nuestra bella sonrisa a los demás. De repente los dos se miraron y se juntaron en un dulce beso en el que consiguieron cerrar los ojos y conseguir que sueños fueran distintos y siempre estuvieran riendo.

Esto hizo que Paola se pensara lo que tendría que hacer y después de que pasara un mal rato pensando en aquella complicada, y a la vez dura decisión, decidió que esa noche volvería a visitar a Jorge, ¿ o no? Era la hora de dormir y Paola apareció justo antes de que Jorge se dispusiera a acostarse. Paola llevaba su moño despeinado y el traje completamente destrozado. Una vez que Jorge se había dormido, entró Paola en su habitación y los sueños de Jorge la absorbieron. Paola observó el sueño y vio como Jorge empezó a correr, y al verle, apareció una multitud gigante de compañeros que la arrastraron hasta un precipicio. Paola se marchó deprimida a su casa, y cuando iba de camino siendo de día, en vez de jugar con sus amigas, decidió ir a preguntar alguna solución de cómo arreglar esa penosa vida.

Allí encontró un hechizo que le permitiría ver al niño y hablar con él fuera de sus sueños y como Paola estaba tan desesperada, realizó ese conjuro que duraría un día. Lo primero que hizo fue cambiar su estrafalaria ropa por la de una niña convencional. Cuando llegó al colegio de Jorge le preguntó a una compañera que por qué le trataban mal. Entonces ella respondió que no se portaban mal con él, sino que él no quería nunca jugar. Paola, un poca extrañada de lo que le habían dicho, intento hablar con Jorge. Al principio a él le costaba mucho hablar porque era muy tímido. Tras una agradable conversación, Jorge le preguntó a Paola que si queria estar con él por la tarde y Paola aceptó con un sí rotundo. Al salir del gran edificio en el que se encontraba el colegio, Paola le preguntó a Jorge por qué no queria jugar con los demás y le contestó que tenía miedo de que se rieran porque no tenía madre. Paola al ver que el niño estaba muy apenado le consoló y añadió que su madre también había fallecido en un trágico accidente y que él debía ser feliz, porque aunque no veamos a nuestras madres, siempre nos desearán lo mejor y tenemos que estar felices, y sobretodo mostrar nuestra bella sonrisa a los demás. De repente los dos se miraron y se juntaron en un dulce beso en el que consiguieron cerrar los ojos y conseguir que sueños fueran distintos y siempre estuvieran riendo.