PROYECTO LUNÁTICOS (Nº6) | Seite 13

Esta historia no es una historia cualquiera. La ilusión que corre por esta avivada historia no es la de unos niños perfectos, sino unos niños extraños y especiales. Sucedió hace muchos años ¡ qué digo! ¡ muchísimos años! En un pequeño valle vivía un hada de los sueños que iba visitando todas las noches a gente de todo el mundo, ya fuera en las frías cuevas de la Antártida o en las calurosas chozas de la sabana africana. Ella siempre se escondía en algún lugar de los sueños para ver la imaginación y la vida que tenían los niños. Esta extraña criatura se llamaba Paola, tenía solo 11 años aunque ella sabía que podía hacer muchas cosas. Vivía en la aldea de las hadas en las montañas. Paola, de día, jugaba con sus amigas, pero cuando era de noche tenía que viajar al mundo de los humanos para llenar, tanto de bellas como de horrorosas ideas los sueños de las personas.
Una noche cálida de primavera, Paola fue a visitar la casa de un niño muy extraño que se llamaba Jorge. Él, era un niño muy cerrado y su imaginación era oscura y profunda como la noche. Él soñó que una cantidad de gigantes con cara de los niños de su escuela se reían de él e intentaban aplastarle con sus enormes pies y su repugnante olor. Cuando finalizó el sueño y Paola tenía que marchar, ella estaba muy deprimida al ver que la vida de Jorge no era como la de otros niños, ni como la que tendría que ser. La mañana siguiente, mientras jugaba con sus amigas las hadas, Azucena y Sol, les preguntó si debería ir a vigilar los sueños de ese niño o dejarlo pasar, como si hubiera sólo sido un mal día de aquel chiquillo. Sara, el Hada del Viento, le recomendó que no, que podía ser muy peligroso si la descubría en sus sueños, mientras que Azucena, Hada de la Luz, le aconsejó que la vida de un niño podría ser muy dura si fuera así todos los días.
Relato realizado por estos alumnos: David Kantor y Carlos Maldonado de Motril Alejandro Roche y Elena Chaure de Movera

CerraRon los OJos

Esta historia no es una historia cualquiera. La ilusión que corre por esta avivada historia no es la de unos niños perfectos, sino unos niños extraños y especiales. Sucedió hace muchos años ¡ qué digo! ¡ muchísimos años! En un pequeño valle vivía un hada de los sueños que iba visitando todas las noches a gente de todo el mundo, ya fuera en las frías cuevas de la Antártida o en las calurosas chozas de la sabana africana. Ella siempre se escondía en algún lugar de los sueños para ver la imaginación y la vida que tenían los niños. Esta extraña criatura se llamaba Paola, tenía solo 11 años aunque ella sabía que podía hacer muchas cosas. Vivía en la aldea de las hadas en las montañas. Paola, de día, jugaba con sus amigas, pero cuando era de noche tenía que viajar al mundo de los humanos para llenar, tanto de bellas como de horrorosas ideas los sueños de las personas.

Una noche cálida de primavera, Paola fue a visitar la casa de un niño muy extraño que se llamaba Jorge. Él, era un niño muy cerrado y su imaginación era oscura y profunda como la noche. Él soñó que una cantidad de gigantes con cara de los niños de su escuela se reían de él e intentaban aplastarle con sus enormes pies y su repugnante olor. Cuando finalizó el sueño y Paola tenía que marchar, ella estaba muy deprimida al ver que la vida de Jorge no era como la de otros niños, ni como la que tendría que ser. La mañana siguiente, mientras jugaba con sus amigas las hadas, Azucena y Sol, les preguntó si debería ir a vigilar los sueños de ese niño o dejarlo pasar, como si hubiera sólo sido un mal día de aquel chiquillo. Sara, el Hada del Viento, le recomendó que no, que podía ser muy peligroso si la descubría en sus sueños, mientras que Azucena, Hada de la Luz, le aconsejó que la vida de un niño podría ser muy dura si fuera así todos los días.