Esa vivencia, junto con el cuidado de sus padres y la gestión de su vida profesional, le permitió comprender en primera persona la realidad de muchas mujeres: la multitarea constante, la presión social y la exigencia silenciosa de sostenerlo todo.
Por eso, cuando habla de consejo, no lo hace desde la teoría, sino de la experiencia: "No es suficiente formarse, se requiere autoconocimiento y práctica para una transformación real.” dice.
Fran insiste en algo que muchas mujeres aún están aprendiendo: el autorespeto no es negociable. Priorizarse no es egoísmo. Es responsabilidad.
Durante años, explica, las mujeres han sido educadas para cuidar a todos menos a sí mismas. Y ese patrón —aunque invisible— tiene un coste altísimo.
Por eso propone un cambio profundo: "Dedicar tiempo a la propia salud mental, desarrollar hábitos conscientes y practicar, practicar y practicar. Ahí es donde ocurre el cambio.” agrega.
Fran defiende con firmeza el poder de la sororidad. Habla desde su experiencia en redes de mujeres, en proyectos compartidos, en alianzas que multiplican resultados. “Cuando las mujeres se unen, pasan cosas extraordinarias.”
Su mirada está puesta en el futuro. A punto de lanzar su libro “Cerebros despeinados”, un proyecto divulgativo sobre neurociencia aplicada al desarrollo personal, también se prepara para dar el salto internacional.
Europa y Latinoamérica forman parte de su próximo escenario, donde busca seguir aprendiendo, aportando y expandiendo su impacto.
Su historia no solo inspira. Cuestiona. Despierta. Invita a pensar, y deja una idea clara para quien la lea: el verdadero poder no está en lo que sabemos… sino en lo que somos capaces de transformar con ello.