Pero más allá de los logros, su mayor aprendizaje ha sido otro.
Ser madre.
Fran crió a su hijo prácticamente sola. Y aunque reconoce que nunca fue un plan inicial, hoy lo define como la experiencia más transformadora de su vida.
Una fuente de amor, pero también de conciencia, responsabilidad y crecimiento.
“Los hijos te enseñan más de lo que imaginas”, asegura.
Desde la neurociencia y su experiencia, trabaja precisamente ahí: en desmontar patrones, cuestionar estereotipos y abrir conversaciones incómodas pero necesarias. Habla de igualdad, sí, pero también de sesgos invisibles, de estructuras culturales profundamente arraigadas y de cómo estos influyen en las decisiones, las oportunidades… y los resultados.
Su propia historia es prueba de ello.
Cuando decidió emprender, una de las primeras preguntas que recibió en una entidad bancaria no fue sobre su proyecto, sino sobre su entorno masculino: “¿Dónde está su marido? ¿Su padre? ¿Algún hombre que la respalde?” No lo había, y no lo necesitaba.
Ese momento no la frenó. La impulsó. Fue el origen de su compromiso con el empoderamiento real de la mujer, ese que no se queda en palabras, sino que construye independencia, autonomía y capacidad de decisión.
A lo largo de su vida ha creado varias empresas, ha sido reconocida por proyectos innovadores y ha liderado iniciativas pioneras, como la primera asociación de mujeres empresarias en Tenerife.