Más allá de las banderas
Mari no se siente limitada por una nacionalidad. Tampoco por estereotipos. Sabe que muchas veces etiquetamos antes de comprender, y que los prejuicios nos impiden ver la riqueza de cada persona.
De Finlandia heredó valores.
De Canarias, el calor humano.
Del mundo, la amplitud de mirada.
Pero lo que realmente la define no es un pasaporte, sino su coherencia.
Para ella la honestidad no es negociable, el ejemplo vale más que cualquier discurso.
“Pide y se te concederá, pero también: actúa como sabes que debes actuar" reflexiona.
Hay personas que no necesitan grandes escenarios para influir. Les basta un aula, una cocina, una conversación sincera o una historia bien contada. Mari Hartell es una de ellas.
Nació en Gran Canaria, hija de padres finlandeses. Creció entre dos culturas, pero no se define por ninguna. Cuando le preguntan de dónde es, responde con serenidad: “Soy ciudadana del mundo” dice. "Y no como una frase bonita para redes sociales. Es una forma de vivir" agrega.