Hay mujeres que construyen su liderazgo desde los títulos. Otras, desde la experiencia. Carmen Fernández pertenece a este segundo grupo: mujeres que no salieron a buscar un propósito, sino que lo fueron descubriendo a medida que la vida evolucionaba.
A punto de cumplir 60 años, Carmen se define, antes que nada, como mujer, madre y persona sencilla. “Lo que hago no es lo que soy”, afirma. Y esa frase resume una trayectoria donde la identidad ha sido más importante que cualquier etiqueta profesional.
El origen: una infancia que marcó dirección
La muerte de su padre cuando tenía apenas diez años cambió el rumbo de su historia. Su madre tuvo que marcharse a Alemania para resolver asuntos familiares y Carmen pasó parte de su infancia en un internado, separada de sus hermanos. Aquella ruptura temprana dejó una huella profunda: la necesidad de construir, algún día, una familia sólida y estable.