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C O L A B O R A C I O N E S por Lucia García Mateo
EL FUEGO LLAMA Y LA BOTARGA RESPONDE
En Villaseca de Uceda, el fuego comienza a ocupar un lugar importante y simbólico dentro de la fiesta de la Botarga. No es solo un elemento visual o festivo: es un símbolo vivo que acompaña al personaje en su encuentro con el pueblo. La hoguera, que aparece en la celebración, actúa como un puente entre lo antiguo y lo actual, entre lo que fuimos y lo que deseamos seguir siendo. El fuego representa el renacer de la tradición, la chispa que vuelve a encenderse tras décadas en silencio y que, gracias al esfuerzo colectivo, recupera su fuerza año tras año. Cada llama ilumina la memoria de quienes antes celebraron esta fiesta y acompaña a quienes hoy la mantienen viva. Nuestra Botarga se acerca al fuego como quien vuelve al origen: a la luz que guía, al calor que reúne y protege, al símbolo de continuidad que ha atravesado generaciones. El fuego en Villaseca no es solo renacer; también es unión. Alrededor de él se congrega el pueblo, igual que en tiempos antiguos se reunían las familias al calor del hogar. Es un espacio común donde vecinos, visitantes y generaciones distintas se reconocen, comparten y celebran juntos. En torno a la hoguera se crea ese instante colectivo que hace que la fiesta trascienda lo puramente ceremonial y se convierta en comunidad, en identidad y en pertenencia. Por eso, el fuego es mucho más que un fondo para la Botarga. Es el corazón simbólico de la fiesta: La luz que vuelve, el calor que nos reúne y la llama que mantiene viva la tradición de Villaseca de Uceda.