Érase una vez unos y unas jóvenes villasecanos que ayudaron a su pueblo a seguir cre-
ciendo, que cooperaron con los pueblos vecinos, y que consiguen cada día hacer un
poquito más visible lo que parecía desaparecer. Tal vez no sean del todo conscientes
de su labor, pero que duda cabe, con su pasión y sus proyectos ayudan a llenar esa
España que llaman vaciada. Y gracias a su altruista tarea, le dan a este cuento un
final feliz.
¡Gracias amig@s de Villaseca de Uceda!
VILLASECA ESTÁS EN MI RECUERDO
por Julián Pascual-Heranz Ortega
M
e pides que te hable, Villaseca. Precisamente me pides que hable hoy, que te
vistes de fiesta y llenas tus calles de alegría.
Me pides que te hable, Villaseca, con la esperanza de que la llanura campiñesa sobre
la que creces pudiera escucharme.
Villaseca, Tú que eres trigo y encina, y camino… Tú que abrigas a gentes que se ilusio-
nan por vivir, Tú que desnudas tus raíces para aflorar la energía que nace desde lo más
profundo de la tierra, ¿Quieres que te hable?
Sabes que mis palabras caerán en el olvido. Permíteme, pues, que te susurre viejos
recuerdos al oído.
Cierro los ojos y recuerdo el camino desde Viñuelas hasta Villaseca. ¡Cuántas veces lo
he recorrido, andando o en bicicleta! Tú siempre has estado allí, pintada sobre un fon-
do azul oscuro casi morado: la sierra de Concha. Tengo que decirte que cada vez que
inicio este camino, y tras atravesar la Laguna, emerges desde el horizonte y levantas
tus manos para, después, abrazarme.
Villaseca, eres piedra y barro, nobles materiales que cubren tus hogares. Eres alboroto
y silencio. Eres motor y calma.
Cierro los ojos y Tú, Villaseca, estás en mi recuerdo.
Hoy, Villaseca, te envolverás nuevamente en la policromía del atardecer de la Campi-
ña para dejar paso a la oscuridad más brillante de una noche estrellada.
Mañana, Villaseca, cuando salga el Sol seguirás en pie, como siempre.
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