Primer Tramo
Boletín cofrade
Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha
debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos. La Iglesia de
todos los tiempos está llamada a curar aún más estas heridas, a aliviarlas con el óleo
de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la
debida atención. No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que
anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye. Abra-
mos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos
y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de
auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que
sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad (MV 15).
Recemos con humildad de corazón la oración de Santa Faustina Kowalska Apóstol
de la Misericordia:
“Ayúdame, oh, Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele
o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y
acuda a ayudarle.
Ayúdame, oh, Señor, a que mis oídos sean misericordiosos, para que tome en cuenta
las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus sufrimientos y quejas.
Ayúdame, oh, Señor, a que mi lengua sea misericordiosa, para que jamás hable ne-
gativamente de mi prójimo, sino que siempre tenga una palabra de consuelo y perdón
para todos.
Ayúdame, oh, Señor, a que mis pies sean misericordiosos, para que siempre me
apresure a socorrer a mi prójimo, venciendo mi propia fatiga y cansancio. El reposo
verdadero está en el servicio al prójimo.
Ayúdame, oh, Señor, a que mi corazón sea misericordioso, para que yo sienta todos
los sufrimientos de mi prójimo. A nadie le rehusaré mi corazón. Seré sincero incluso
con aquéllos que abusaran de mi bondad. Y yo mismo me encerraré en el miseri-
cordioso Corazón de Jesús.Soportaré mis propios sufrimientos en silencio. Que tu
misericordia, oh, Señor, repose en mi”.
Os deseo a todos una buena salida procesional y que vuestras casas de hermanda-
des y cofradías resplandezcan siempre en la alegría de la misericordia y que la luz de
Cristo resucitado las inunde por completo de alegría.
Manuel Ángel Santiago Gutiérrez
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Delegado Episcopal de Hermandades y Cofradías