"Primer Tramo" PT N3 ESPECIAL CUARESMA | Page 6

Primer Tramo Boletín cofrade Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos. La Iglesia de todos los tiempos está llamada a curar aún más estas heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención. No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye. Abra- mos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad (MV 15). Recemos con humildad de corazón la oración de Santa Faustina Kowalska Apóstol de la Misericordia: “Ayúdame, oh, Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarle. Ayúdame, oh, Señor, a que mis oídos sean misericordiosos, para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus sufrimientos y quejas. Ayúdame, oh, Señor, a que mi lengua sea misericordiosa, para que jamás hable ne- gativamente de mi prójimo, sino que siempre tenga una palabra de consuelo y perdón para todos. Ayúdame, oh, Señor, a que mis pies sean misericordiosos, para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, venciendo mi propia fatiga y cansancio. El reposo verdadero está en el servicio al prójimo. Ayúdame, oh, Señor, a que mi corazón sea misericordioso, para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo. A nadie le rehusaré mi corazón. Seré sincero incluso con aquéllos que abusaran de mi bondad. Y yo mismo me encerraré en el miseri- cordioso Corazón de Jesús.Soportaré mis propios sufrimientos en silencio. Que tu misericordia, oh, Señor, repose en mi”. Os deseo a todos una buena salida procesional y que vuestras casas de hermanda- des y cofradías resplandezcan siempre en la alegría de la misericordia y que la luz de Cristo resucitado las inunde por completo de alegría. Manuel Ángel Santiago Gutiérrez 6 Delegado Episcopal de Hermandades y Cofradías