Primer Tramo
Boletín cofrade
Recientemente la voz del Papa resonaba con fuerza al gritar en medio de nuestro
convulso mundo: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se en-
cuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a
tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No
hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie
queda excluído de la alegría reportada por el Señor». Al que arriesga, el Señor no
lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya
esperaba su llegada con los brazos abiertos. Éste es el momento para decirle a Jesu-
cristo: «Señor,me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí
estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo,
Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores». ¡Nos hace tanto bien
volver a Él cuando nos hemos perdido! Insisto una vez más: Dios no se cansa nun-
ca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia.
Aquel que nos invitó a perdonar «setenta veces siete» (Mt 18,22) nos da ejemplo: Él
perdona setenta veces siete. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez.
Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable.
Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos
desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría” (EG 3).
Queridos hermanos cofrades, me atrevo a deciros: ¡no tengáis duda de acercaros a
Cristo! ¡Dejen, que Él toque con su mano misericordiosa vuestros corazones, no ten-
gan miedo! Él no defrauda jamás, nunca, en Él nuestra esperanza, vida y salvación.
Hablar de redención, de reconciliación, es para los hombres y mujeres de nuestro
tiempo, una invitación urgente, a volver a encontrar las mismas palabras con las que
Jesús de Nazaret quiso inaugurar su predicación ante un pueblo expectante ante el
futuro y sediento de liberación: “Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15) esto
es, acoged la Buena Nueva del amor, acoger en la vida, en el mundo, en la historia
a Cristo Redentor del hombre. Sí, Jesucristo es el centro del cosmos y de la historia
(RH 1). Para experimentar la reconciliación necesitamos un verdadero espíritu de
conversión de búsqueda de la verdad, de búsqueda y deseos de contemplar el rostro
de Cristo y vivir en él, abrir nuestra vida al don de la misericordia. De Cristo, de su
divino corazón dimana la misericordia, como canta el himno: “tu amor nos edifica y
nos arraiga, tu cruz nos consolida y fortalece. Tu carne nos redime y nos abraza, tu
sangre nos renueva y nos embriaga… tus manos acarician nuestras llagas, tus ojos
purifican la mirada. Tus labios comunican mil perdones, tus pies nos encaminan a la
vida… Tu aliento es el Soplo de lo Alto, tu risa es el signo de la gracia. Tus llagas son
amores encendidos, tus penas son el precio de mi alma” (Himno JMJ, Madrid 2011).
Desde la experiencia de la misericordia a nivel personal y como cofradía, podremos
realizar también la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradic-
torias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente
crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy!
5