POLÍTICA MIGRATORIA DE LA UNIÓN EUROPEA
necesarias en Grecia para que los traslados a ese país en el marco del sistema de Dublín puedan restablecerse.
Por último, prevé la necesidad de revisión del Reglamento de Dublín; implantación de un sistema de la UE para reconocer los países de origen seguros en los procedimientos de asilo; apertura de canales legales para la migración; avances ambiciosos hacia el establecimiento de una guardia costera y de fronteras europea y ampliación del mandato de Frontex; un conjunto de medidas sobre migración legal, incluida la revisión de la tarjeta azul. Propuesta de un sistema estructurado de reasentamiento; Estrategia actualizada sobre la trata de personas.
En esta labor de ordenar acontecimientos es importante incidir en un aspecto que trasciende a la mera política común de asilo. Y es que a raíz de lo ocurrido con la penosa gestión de la llegada de personas refugiadas se ha acelerado el proceso de desmantelamiento progresivo de los pilares que sostienen lo que desde el Tratado de Ámsterdam se ha dado en llamar el espacio de libertad, seguridad y justicia. Y aunque la tensión entre las reticencias a dejar en manos de las instituciones europeas el desarrollo de una política común en materia de inmigración y asilo siempre ha estado presente, podríamos fijar un punto de inflexión a partir del cual los Estados miembros han minado el suelo común en el que descansaba esta política. Este punto lo situamos en el verano del año 2010, a raíz de la expulsión de nacionales rumanos por parte del gobierno francés. Con la reacción claudicante de la Comisión Europea se abría una nueva etapa en la que cualquier Estado podía cuestionar principios básicos de la Unión Europea.
El desmantelamiento de estos principios ha afectado, como no podía ser de otra manera, a la arquitectura de Schengen. Recordemos cómo en el mes de abril de 2011, como consecuencia de la llamada « primavera árabe », Francia e Italia se ponen a la cabeza de Estados que exigían mecanismos para restablecer las fronteras interiores. Le siguió Noruega que, con la excusa del contrabando, reinstauró las fronteras interiores de su país. La versión actualizada de esta reinstauración de fronteras comienza en julio del pasado año en Hungría con la aprobación de una ley que permite la construcción de un muro en la frontera con Serbia de 175 kilómetros. Esta decisión motivó un expediente de infracción que se difumina con el efecto dominó que produjo en otros países. Serbia, Macedonia, Eslovenia y Croacia cerraron sus fronteras al margen de cualquier mecanismo previsto en los acuerdos Schengen. La culminación de este desmoronamiento llegará con Austria cerrando su frontera sur y fijando una cuota anual de 37.500 personas.
Esta deriva que situamos en el año 2010 va a encontrarse de bruces con un acontecimiento de dimensiones no conocidas hasta ahora. La agencia europea de control de fronteras( Frontex) ha contabilizado a más de 1,2 millones de inmigrantes que entraron en la UE en 2015 y según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados( ACNUR), más de 411.567 personas llegaron a Europa por el Mediterráneo entre enero y el 14 de septiem-
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