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Informe Anual 2016 sobre el racismo en el estado español
78 calado. Y es que cada vez es más destacada la tendencia a que cada Estado fije sus propios principios de funcionamiento en materia de política migratoria, pasando por encima de normas comunes de gran trascendencia que no hacen sino golpear y resquebrajar la arquitectura de la política común europea en materia de inmigración y asilo.
Aunque no hay un acontecimiento claro que marque este cambio de rumbo, es importante recordar lo ocurrido en el verano de 2010 a raíz de las expulsiones colectivas de nacionales rumanos por parte del gobierno francés. La Comisaria de Justicia, Viviane Reding, criticó las expulsiones y evocó lo ocurrido en la II Guerra Mundial con las deportaciones de personas judías. Pero en octubre la Comisión Europea aceptó como bueno el proyecto de ley de París de adaptar la directiva sobre libre circulación de personas y el calendario para ello, poniendo así punto final a las investigaciones que estaba desarrollando y renunciando al procedimiento sancionador contra Francia. Desde entonces, la inmigración, y por ende el asilo, se desarrollan en una suerte de política del « Buffet libre » cada vez más indisimulada y atrevida. Con grandes dosis de repliegue estatal y nacionalismo policial Schengen ha quedado irremediablemente desfigurado. No en vano, una persona refugiada no tiene un proyecto migratorio( sin perjuicio de que lo realice una vez asentada en el país de acogida); solo es portadora de un derecho reconocido por 147 países y plasmado en la Convención de Ginebra y el Protocolo de Nueva York. Si se le despoja de este derecho se convierte automáticamente en un intruso y la frontera despliega todo su potencial.
Ocurre que este repliegue identitario, combinado con el control territorial al margen de la UE( pensando que la ineficacia comunitaria se suple reforzando el orden público nacional), adquiere una relevancia desproporcionada ante atentados terroristas como los vividos en París y Bruselas. Este tipo de ataques indiscriminados a la población europea van a repetirse y la respuesta será el cuestionamiento del islam como elemento inintegrable en una ceremonia de confusión aprovechada para lanzar mensajes xenófobos y racistas. Refugiados, islam y terrorismo configuran un Triángulo de las Bermudas cuyo interior está ocupado por el no derecho y el odio al diferente.
No hay una instancia judicial que pueda condenar a la Unión Europea por un delito de omisión de socorro. La ciudadanía debe elegir entre la indiferencia y la protesta en forma de solidaridad y reconocimiento del derecho al asilo. Muchos de los derechos que hoy disfrutamos se han logrado gracias a que otras mujeres y hombres se sacrificaron para conseguir su reconocimiento( movimiento sufragista, Chicago 1877, etc.). El 18 de marzo es el principio del fin del derecho de asilo en la Unión Europea y la respuesta ciudadana es lo único que puede evitar su desaparición.
A continuación vamos a analizar el desmantelamiento del derecho de asilo a través de los diferentes instrumentos normativos que se han ido aprobando a lo largo del pasado año 2015.