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Informe Anual 2016 sobre el racismo en el estado español
el estado de emergencia en la frontera ante la llegada masiva de inmigrantes y
refugiados, cerrando la frontera con Grecia y dejando a cientos de refugiados en
una tierra de nadie. Ante esta situación, miles de inmigrantes y refugiados lograron romper el cordón policial que les impedía cruzar a la localidad macedonia
de Gevgelija, en la frontera con Grecia, entrando a través de una zona de campos de cultivo. La Policía intentó sin éxito impedir el paso utilizando granadas
aturdidoras y porrazos.
La organización Human Rights Watch (HRW), se hizo eco también de los
abusos policiales en su informe «Como si no fuéramos seres humanos: La brutalidad policial contra migrantes y solicitantes de asilo en Macedonia». En
dicho Informe, la Asociación denunciaba y documentaba que la policía macedonia ha abusado verbal y físicamente de migrantes y solicitantes de asilo. El
caso de Ayesha, está recogido en este informe.
Ayesha, una joven afgana de 16 años, dijo que la policía de Macedonia la
golpeó y que vio dos veces cómo la policía golpeaba a su padre y su hermano,
de 17 años. La primera vez, a principios de enero, Ayesha dijo que la familia
acudió a un puesto policial cerca de la frontera con Grecia para pedir asilo. En
lugar de concedérselo, la policía los devolvió a la frontera y les ordenó que
abandonaran el país. El padre de Ayesha protestó. «[Entonces] un agente de
policía se acercó a mi padre y le golpeó con una porra en la espalda y el brazo.
Otro policía golpeó a mi hermano también con una porra en los hombros, y un
tercer oficial me golpeó a mí con la porra en los brazos», dijo. La segunda vez,
también en la frontera, su padre y su hermano se encontraban entre un grupo de
hombres forzados a correr a través de un pasillo de policías que los golpeaban a
su paso con porras.
Los guardias, rutinariamente, maltrataron a los detenidos, incluyendo abusos
físicos y verbales, y las condiciones en el centro eran inhumanas y degradantes,
aseguró Human Rights Watch. Algunas de las mujeres detenidas fueron víctimas de violencia de género por parte de los guardias
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Serbia. Otra situación de abusos policiales denunciada por Human Right Whach
se dio en 2015 en Serbia. La Asociación documentó con numerosos ejemplos
los actos delictivos ejercidos por las fuerzas policiales serbias, sobre todo contra personas de procedencia siria o afgana. Los niños y niñas también han sido
víctimas de los abusos policiales. Human Rights Watch descubrió que las personas migrantes y solicitantes de asilo experimentan una serie de abusos a manos
de la policía serbia, especialmente en Subotica, una ciudad en la frontera con
Hungría, pero también en el sur y este del país, así como en Belgrado, la capital.
Veinte migrantes y solicitantes de asilo, entre ellos siete niños de edades entre
13 y 17 años, describieron el abuso y la extorsión a los que fueron sometidos
por parte de agentes de la policía en Subotica y alrededores. La mayoría son
sirios o afganos. Dijeron que la policía los había detenido en la calle o encontrado en la fábrica de ladrillos Ciglana, un improvisado campamento para migrantes.