Presentado el Informe Anual 2016 sobre racismo en el estado español | Seite 229

Informe Anual 2016 sobre el racismo en el estado español
228 solas y el 40 % de las entrevistadas tenía menos de 30 años y entre tres y cinco hijos a su cargo.
Nunca quise dormir en las instalaciones. Tenía demasiado miedo de que alguien me tocara. Las tiendas eran mixtas y fui testigo de escenas de violencia. Me sentía más segura mientras nos desplazábamos, especialmente en autobús, el único lugar donde podía cerrar los ojos y dormir », explica Reem, una joven siria, a Amnistía Internacional. Violencia de género en origen, tocamientos, asaltos, acoso, violaciones, matrimonio precoz y forzado, peticiones de sexo transaccional para abaratar el coste del viaje o conseguir comida y ropa en los centros de recepción... Se trata del cuadro completo de la violencia sexual contra las mujeres, habitual en conflictos y desplazamientos, se suma al drama migratorio, en especial de quienes viajan solas o con menores. Sirias, iraquíes, afganas... pero también eritreas, yemeníes, palestinas, nigerianas, pakistaníes, somalíes, sudanesas, gambianas, malíes etc., – estas últimas convertidas en migrantes‘ de segunda’– constituyen, junto con los menores, en torno al 43 % de los flujos migratorios mixtos que llegan a Europa. Sufren una violencia sexual que raramente denuncian, sin que la comunidad internacional tome medida alguna al respecto.
Una amiga que vino conmigo desde Siria se quedó sin dinero en Turquía y el ayudante del traficante le ofreció que se acostara con él. Ella se negó, claro, y no pudo salir de Turquía, en donde sigue », relata Hala, siria de 23 años. Los traficantes de personas eligen a las mujeres que viajan solas sabiendo que son más vulnerables e intentan coaccionarlas para que tengan relaciones sexuales con ellos. Otras – y, a falta de datos, se estima que muchas – corren el riesgo de caer en las redes de la trata. Pero la violencia no se reduce, ni mucho menos, a los indeseables que están haciendo negocio del dolor dentro y fuera de Europa. Las mujeres han explicado que se sienten especialmente amenazadas en las zonas de tránsito.
En campamentos de Hungría, Croacia y Grecia duermen junto a los hombres refugiados por lo que algunas prefieren dormir en la playa, donde se sienten más seguras. Se quejan también de compartir aseos y duchas con los hombres, y algunas de haber sido espiadas por ellos, en este caso en Alemania. Llegan a adoptar medidas extremas, como no comer ni beber para evitar ir al baño.
Los tocamientos, las miradas lascivas y los requerimientos sexuales a cambio de ropa o comida, incluso por guardias de seguridad de los campos, son habituales. En general, explica Verónica Barroso, responsable de refugio y migraciones en AI, las investigaciones en toda la ruta de Grecia, Macedonia y los Balcanes muestran la falta de atención a las necesidades específicas de género, incluidas las medidas destinadas a embarazadas o de mujeres con lactantes. ACNUR apunta en un reciente informe( INITIAL ASSESSMENT REPORT: Protection Risks for Women and Girls in the European Refugee and Migrant Crisis) que muchos centros de recepción carecen de espacios seguros para mujeres y niñas, e insisten en la falta de métodos de detección de la violencia sexual,