Portaligas #08 - Primavera 2018 | Page 49

REPORTAJE < 49 El cerrojo suizo Karl Rappan era un entrenador austríaco que dirigía al Servette de su país. Como sus jugadores no eran profesiona- les, sino que tenían otra actividad laboral, tenía que inventar un sistema para trabajar con el plantel el poco tiempo que disponía. Entonces, buscó algo menos rígido que el de la WM y a su vez que tuviera más respaldo defensivo. Por ello apuntó a sacar uno de los volantes creativos del (3- 2-2-3) y pasarlo detrás de la línea de tres zagueros. Con esto, el dibujo quedaba en 1-3-3-3. El nombre en francés era “verrou”, que significa bloqueo y justamente tenía como misión frenar a los rivales. Por eso recibió muchas criticas de que era defensivo. Sin embargo, los defensores de este modelo, explicaban que era para maniatar y salir rápido de contraataque. Esta fue la piedra fundamental del catenaccio italiano que hizo conocido Helenio Herrera, en la década del 60. El nacido en Argentina modificó aquel candado y lo hizo más conservador aún: 1-4-3-2. Es decir, mantuvo el hombre que barría en el fondo (que en el calcio se comenzó a llamar líbero), pero le agregó más gente en el fondo y con marcas individuales. El Inter campeón de Europa en 1964 no recibió goles en cin- co de nueve partidos y al de 1965 no le marcaron en cuatro de los siete juegos que lo llevó hasta la cima. Las dos copas del Viejo Continente le abrieron las puertas de otros lugares. Era la versión remasterizada del Cerrojo Suizo. El cuadrado mágico Las grandes innovaciones apuntaban a defender y proteger- se más que para atacar. Hasta que aparecieron los “Mágicos Magiares” a comienzos de los 50. El entrenador era Guzstav Sebes y reformuló el dibujo con un 4-2-4, pero con los dos centrodelanteros (Peter Palotas y Nándor Hidegkuti) que retrocedían y formaban el “cuadrado mágico”, con Ferenc Puskas como su arma mortal y Sandor Koscis como el gran cabeceador. La revolución húngara comenzó a consolidarse con el oro olímpico logrado en Helsinki 1952 ante Yugoslavia, con 20 goles en cinco partidos. “Fue durante los Juegos Olímpicos que nuestro fútbol co- menzó a fluir con poder real”, explicaba Puskas. Los “Magiares poderosos” se encaminaban hacia Suiza 54 y arrasaban todo en el camino. El 6-3 que le propinaron a Inglaterra en Wembley, el 25 de noviembre de 1953, marca un hito en la historia del fútbol, no sólo por el resultado, sino por la paliza futbolística y por la forma especial de preparar el juego para la época (el DT embarró la cancha de entrenamiento y la agrandó para po- nerles a sus jugadores un escenario más real al juego) . Estuvo cuatro años sin perder, sumando 32 partidos invicto y se cayó 4-2 en la final del Mundial ante Alemania, en el considera “Milagro de Berna”. Fue la semilla que comenzó a germinar para el “Fútbol Total” de Holanda.