UN AMBIENTE
DE BUEN FÚTBOL
Durante 35 años, el COF -anfitrión de la Copa de Oro- ha crecido para transformarse en una
de las ligas más destacadas de Santiago, gracias a su calidad administrativa y la importancia
que le dan al jugador. En el Club Oriente se vive una atmosfera grata y familiar.
POR MAXIMILIANO CÁRDENAS.
E
n un sector del complejo del Club Oriente de Fút-
bol, Cristián Dávila, presidente del COF, observa la
panorámica del recinto deportivo. Ve cómo las pe-
lotas acarician el césped de las cuatro canchas de
fútbol, ve cómo el pasto se pega a los botines de los jugado-
res y cómo los técnicos dan sus instrucciones por medio de
gritos a sus dirigidos. Unas risas a lo lejos lo distraen, mira
y eran unos niños disfrutando de juegos inflables, mientras
sus madres, con unos productos de belleza en sus manos
tras el obsequio de un auspiciador de la liga, comparten en-
tre ellas. El mandamás muestra una sonrisa de satisfacción
al pensar en el agradable ambiente que hay.
En el COF se respira amabilidad, cordialidad y diversión.
Una atmosfera grata que cualquier espacio común necesita
para confortar a los cientos de personas que asisten al re-
ducto de Colina. Y es que cuando hay que organizar, el Club
Oriente se lo toma en serio. No basta solo con tener un
buen campeonato en lo deportivo, sino que es importante
crear un espacio de interés común para que sus jugadores
vengan con la familia y se sientan en un segundo hogar,
generando lazos y nuevas amistades.
Para hablar del cómo lograron este entorno de confrater-
nidad es bueno ir a la génesis de esta liga, que se edifi-
có a punta de compromiso y esfuerzo. Todo se remonta a