POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS Hemingway,Por quien doblan las campanas (1) | Seite 92

Levantabas la cabeza y le veías a punto de romper a llorar, i Le pedías vino y lloraba; le pasabas el plato para que te sirviera estofado y lloraba, volviendo la cabeza. Luego se callaba. Pero si volvías a mirarle, las lágrimas volvían a correrle 164por la cara. Entre plato y plato, lloraba en la cocina. Todo el mundo era muy cariñoso con él, pero no servía de nada. Había que enterarse, pensó Jordan, de si el muchacho había mejorado y si era capaz de nuevo de empuñar las armas. María, por el momento, parecía estar bastante recobrada. Al menos, así lo parecía. Pero él no era buen psiquiatra. La psiquiatra era Pilar. Probablemente fue bueno para ellos el haber pasado juntos la noche anterior. Sí, a menos que no acabase todo de repente. Para él, por lo menos, fue bueno. Se sentía en condiciones inmejorables, sano, bueno, despreocupado y feliz. Las cosas se presentaban bastante mal, pero había tenido mucha suerte. Había estado en otras que tambien se presentaban mal. Presentarse... Estaba pensando en español. María era realmente encantadora. «Mírala –se dijo–. Mírala.» La veía andar alegremente al sol, con su camisa caqui desabrochada. «Se movía como un potrito, pensó. No tropiezas a menudo con cosas como ésta. Estas cosas no suceden en la vida real. Quizá no te hayan sucedido tampoco. Quizás estés soñando o inventándolas y en realidad no hayan sucedido. Quizá sean como esos sueños que has tenido cuando has ido al cine y te vas luego a la cama y sueñas de una manera tan bonita.» Había dormido con todas ellas así, mientras soñaba. Podía acordarse aún de la Garbo y de la Harlow. Sí, la Harlow le visitaba muchas veces. Quizá todo aquello fuera como esos sueños. Aún se acordaba de la noche en que la Garbo se le apareció en la cama, la víspera del ataque a Pozoblanco; Greta llevaba un jersey de lana, muy suave al tacto, y cuando él la estrechó en sus brazos, ella se refugió en él y sus cabellos le rozaron suavemente la cara y le preguntó por qué no le había dicho antes que la quería, siendo así que ella le quería desde mucho tiempo atrás. No se mostró tímida ni distante ni fría. Se ofreció tan adorable y hermosa como en los viejos días en que andaba con John Gilbert, y todo fue tan real como si realmente hubiera sucedido; y la amó mucho más que a la Harlow, aunque la Garbo no se le presentó más que una vez, en tanto que la Harlow... Bueno, quizás estuviera soñando todavía. «Pero quizá no lo estuviera», se dijo. Quizá pudiera alargar la mano en aquellos momentos y tocar a aquella María. «Puede que lo que te ocurra es que tengas miedo de hacerlo, no vaya a ocurrir que descubras que no ha ocurrido nunca, que no es real, que todo es pura imaginación, como esos sueños de las artistas de cine o como la aparición de todas las muchachas de antes, que venían a dormir en el saco por la noche] sobre el