POR QUIEN DOBLAN LAS CAMPANAS Hemingway,Por quien doblan las campanas (1) | Page 133
solo, que se había hecho dentro de él un vacío como si fuera de hambre.
En otros tiempos conseguía aliviar esa sensación de soledad rezando sus
oraciones. A veces, al volver de caza, rezaba la misma oración varias
veces y se sentía mejor. Pero desde el Movimiento no había rezado una
sola vez. Echaba de menos la oración, aunque se le antojaba poco honrado
e hipócrita el rezar. No quería pedir ningún favor especial, ningún trato
diferente del que estaban recibiendo todos los hombres.
«No –pensaba–, yo estoy solo. Pero así están