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Conclusión Rusia está tratando de compensar el impacto de las sanciones occidentales con la apertura hacia el mercado chino, inversiones, créditos bancarios, acceso a los mercados financieros, así como una tecnología crítica. La cooperación con Pekín permite minimizar las consecuencias de las sanciones a largo plazo y conseguir una fuente adicional de inversiones. Aparte, los contratos energéticos significan la entrada a uno de los mercados más grandes de energía. Según el comunicado de Gazprom, Rusia podría llegar a suministrar hasta 70.000 millones de metros cúbicos de gas al año a China por uno o dos gasoductos35 lo que es beneficioso para Rusia. Otra amenaza para Rusia es la posible implantación del Gaseoducto Transanatalian (TANAP), impulsado por Turquía y Azerbaiyán, porque haría menos dependiente a la UE del gas ruso, al conectar el mar Caspio con el sureste de Europa. El principal riesgo en la cooperación con China es económico y consiste en no poder compensar totalmente la pérdida económica con occidente. Los préstamos externos de China e inversiones no son suficientes para reemplazar completamente los occidentales. Si comparamos las inversiones directas en 2013 entre la UE y China vemos que las de Europa suman 20.900 millones de dólares, mientras que las de China solo 660 millones de dólares. El riesgo de depender de un solo comprador es un riesgo geopolítico. La situación actual de la política internacional en torno a Rusia da más alternativas a China. Si antes de la crisis de Ucrania, Rusia discutió proyectos en el Lejano Oriente con Japón y Corea del Sur, después de las sanciones, muchos inversores japoneses y coreanos congelaron las negociaciones. Como consecuencia, Rusia se está orientando mucho en la demanda China. Si al día de hoy las exportaciones de gas y petróleo ruso dependen de Europa, en el futuro el mismo escenario puede repetirse con China. Otro riesgo es tecnológico, porque China no será capaz de convertirse rápidamente en la fuente de la tecnología sofisticada para Rusia. El siguiente aspecto a tener en cuenta es la infraestructura. Antes Rusia se centraba en poder acceder a una amplia gama de clientes. Ahora, lo está en la construcción de las tuberías hacia China. Incluso, si Japón o Corea del Sur dispusieran de oferta de compra de gas ruso, no se verían capaces de ofrecer préstamos o la tecnología necesaria para la construcción de la infraestructura. Por eso, el contrato de mayo de 2014 entre Gazprom y CNPC para suministrar 38.000 millones de metros cúbicos de gas al año a China a través del oleoducto “Power of Siberia” priva de perspectivas otros proyectos. Distribuir los recursos de Siberia Oriental y el Lejano Oriente exclusivamente a China crea una situación en la que Rusia se encuentra en un mercado con un solo cliente que estaría libre dictar sus términos. El siguiente riesgo es la imposibilidad de obtener financiación en China en las mismas condiciones como en Londres o Nueva York. Existe la extrema rigidez de los banqueros chinos para los proyectos complejos y a largo plazo. 66