Pets Experts Magazine Junio 2026 | Page 47

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El apetito de un animal de compañía es mucho más que una cuestión de hambre: es un indicador del estado general de su salud. Perros y gatos tienen una inercia alimentaria muy fuerte-heredada de ancestros que ocultaban su debilidad- por lo que cualquier cambio en su forma de comer, ya sea comer menos, más o de manera diferente, merece atención. Saber leer esas señales permite actuar a tiempo, antes de que un problema menor se convierta en uno mayor.

CUANDO EL CUERPO FALLA POR DENTRO
La causa más frecuente de los cambios de apetito es de origen interno. La disminución o ausencia total de ingesta puede acompañar a procesos inflamatorios, infecciones o fallos orgánicos. En los gatos, no comer durante más de 24 horas es una emergencia: su metabolismo puede derivar con rapidez en lipidosis hepática, una enfermedad grave del hígado. En el extremo opuesto, el hambre insaciable también puede ser señal de enfermedad. La diabetes, el hipertiroidismo o el síndrome de Cushing hacen que el animal devore su ración sin saciarse, a menudo perdiendo peso al mismo tiempo. Si este aumento del apetito va acompañado de más sed de lo habitual, la visita al veterinario no debe esperar.
DOLOR QUE NADIE VE
A veces la mascota quiere comer pero no puede hacerlo sin dolor. Una señal muy clara: se acerca al comedero, huele la comida y se retira sin tocarla. Las enfermedades periodontales, la gingivitis severa o los dientes fracturados generan un dolor agudo que inhibe la masticación. En animales mayores, incluso bajar la cabeza hacia un comedero en el suelo puede resultar doloroso por problemas cervicales o articulares. Elevar el comedero puede marcar una diferencia notable en su comodidad y en su disposición para comer.
EL ESTRÉS CORTA EL APETITO
El factor emocional es, con frecuencia, el más olvidado. El estrés actúa como un supresor directo del hambre: mudanzas, la llegada de nuevos integrantes al hogar o ruidos constantes pueden elevar el cortisol del animal y hacer que deje de comer. Un cuenco sucio o un pienso en mal estado también pueden provocar el rechazo instintivo. Mantener una rutina clara y los recipientes limpios aporta la seguridad que necesitan.
SEÑALES QUE EXIGEN ATENCIÓN
La inapetencia combinada con letargia extrema, vómitos, diarrea con sangre o cambios en el color de las mucosas es una urgencia veterinaria. En estos casos, no se debe esperar ni recurrir a la automedicación, que puede enmascarar síntomas críticos y retrasar el diagnóstico.