¿ La música electrónica?
¿ Eso no es solo par
Los prejuicios hacia la música electrónica son extensos y reducen a sus seguidores a caricaturas de bandidos irredimibles. Pero estas acusaciones ignoran por completo la historia profundamente política de este género diverso, especialmente en el contexto latinoamericano. Muchos siguen creyendo que el techno es cosa de Berlín y clubes europeos, pero su fuerza lleva años arraigándose y transformando comunidades en América Latina. Aunque en la última década la región ha experimentado un auge notable de eventos y festivales de música electrónica, la historia actual del techno latino no comienza en grandes escenarios, sino en raves clandestinos situados en las periferias urbanas, nacidas precisamente de la resistencia a la represión.
“ Bailamos juntos, luchamos juntos” se convirtió en el lema fundamental de estos encuentros, cuyo objetivo era defender la individualidad y libertad de expresión en sociedades marcadas por controles policiales, estigmatización juvenil y desigualdades estructurales. Este grito colectivo no surgió en el vacío: estos espacios emergieron en paralelo al crecimiento de movimientos antifascistas y contra la represión en países como Colombia, Chile, Argentina o Perú, donde la violencia, la desigualdad y la impunidad dieron luz a grandes movimientos contraculturales como respuesta agresiva a la estratificación social. El techno, entonces, no fue solamente entretenimiento: fue una respuesta desde abajo, un movimiento popular que convirtió la pista de baile en un lugar de igualdad radical, en un terreno donde la jerarquía se suspendía y el cuerpo recuperaba agencia.
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